DOMINGO

Se acabó el impulso

  Aunque sea importante, la pérdida de más de la mitad de las alcaldías de CDMX no es algo irreparable, al menos no para un gobierno que con “seudoeventos” influye en la percepción pública y ha hecho que sean más importantes los prometidos resultados que los resultados mismos.

  Eso hace más inexplicable aún que el talento político sea nublado por una fría cólera que ha mostrado desde la mañana del lunes, un día después de las elecciones, esos arrebatos mañaneros contra sus adversarios, los reales y los que surgen de lo que ya parece ser desinformación de sus cortesanos, para quienes suele ser más simple distorsionar los hechos, antes que enfrentar su enojo.

  Existe la posibilidad que el enojo sea precisamente por su innato talento para la política y para analizar circunstancias. Es posible que haya llegado a la conclusión que los triunfos que fueron muchos de las elecciones del 6 de junio, tantos que le dan presencia donde no la tuvo antes y que era previsible que no ganara la mayoría calificada, son atribuibles a su agresiva campaña desde las mañaneras.

  Averiguó que sin su intencional ruptura de las reglas y desafío de preceptos legales que le permitieron echarse a las espaldas al Partido Morena y conducirlo al triunfo, no habría victorias.

  Y eso, quizá, sólo quizá, le ha hecho percibir la posibilidad de que el poderoso impulso que le llevó desde la fundación de Morena hasta la Presidencia y a dominar el escenario político nacional, alcanzó su clímax, que ya no podrá ganar más, que sólo queda consolidad e impedir que las circunstancias, las que están a la vista y las inesperadas, contenga la mala semilla que llevó al fracaso a algunos antecesores.

  Quizá el enojo es porque ya se dio cuenta que no todos traen su agenda bajo el brazo, que muchos, hasta confiables aliados, tienen agendas personales que, para empezar, le harán difícil construir un sucesor que mantenga vivo el legado.