DOMINGO

Lo peor de nuestro pasado político

  A nuestros lectores no les faltaremos el respeto honrando como tema la “revisión” de la historia de México que se realiza en el discurso y la práctica del Gobierno de la República.

  Creemos más importante subrayar las actitudes y práctica del partido oficial, de Morena.

  Han empezado a replicar el comportamiento habitual de sus asambleas y discusiones internas. Sólo recordemos las asambleas que frecuentemente han terminado a sillazos.

  A pesar de los defectos del viejo régimen, la última elección donde hubo violencia en las mesas de votación fue la de 1940, hace ochenta años.

  Las circunstancias y la realidad social y económica de la República podrían provocar descontento que, en el oficialismo verían como amenaza a su predominancia social, política y electoral.

  No es aventurado, ni paranoico suponer que, si el movimiento que es Morena no logra transformarse en un partido, el partido en el poder, con estatutos y reglas que diriman los conflictos internos y simultáneamente impongan disciplina, sería una tragedia social que, en los comicios del año próximo, con más de 20 mil puestos en juego, incluidas 15 gubernaturas y la Cámara de Diputados, exista el riesgo real de replicar aquellas escenas de barbarie y violencia de las elecciones hace 80 años.

  Ese sí sería un auténtico y patético viaje al pasado, a lo peor de nuestro pasado político.