Café Político

 

 

Confrontación con la Iglesia, ¿qué necesidad?
Dilema sucesorio, ¿orden contra tribalismo?
El acercamiento de Dante con Alfaro

  Paradójico que mientras la narrativa oficial mantiene un fuerte tufo a discurso religioso por el uso frecuente de citas bíblicas, decida el Gobierno de la República confrontar a los jesuitas y a la Iglesia por el asesinato de dos sacerdotes.

  Hasta ahora la Iglesia ha sido prudente en sus críticas a las políticas oficiales. Hasta los jesuitas, por proteger a la población de las comunidades serranas, han llevado la fiesta en paz, pero sus quejas exasperaron a Palacio.

  Uno se pregunta si la obstinación presidencial hará que la Conferencia Episcopal se agrupe en torno a los jesuitas y si el Gobierno de México está dispuesto a una confrontación que sabemos como empieza, no como puede terminar.

 

 

Palacio Nacional y los guajolotes porfiristas
Semántica, clave, de precampaña de Morena
La política, cosa de hombres… de palabra

  No sólo son la obvia reacción a las exigencias de cambiar la estrategia de seguridad o la irritación por no contener la carestía, las causas de la visible impaciencia presidencial son las imprevistas resistencias del México real a “la revolución de las conciencias”.

  Aunque sabe Palacio Nacional que muchas resistencias las generan los intereses internos y externos, la irritación es por la creciente resistencia y malhumor de los ciudadanos por la ineficiencia e ineficacia de los funcionarios lopezobradoristas.

  Aunque sigan descalificando las quejas y reclamos, en Palacio Nacional donde tanto importa la Historia, deberían recordar la advertencia de don Porfirio Díaz, vigente hoy, como hace un siglo: “es más difícil gobernar a los mexicanos que arrear guajolotes a caballo”.

 

 

Emponzoñado horizonte para 2024
Refinería de Dos Bocas: ¿gran éxito sexenal?
Inflación, el diluvio que viene

  Pese a la indignación nacional e internacional por el asesinato de los dos sacerdotes jesuitas, muchos están convencidos de que su popularidad es tal que políticamente no afectará a la figura del Presidente López Obrador.

  Como dicen los abogados, aceptando sin conceder que la figura presidencial sale políticamente ilesa de esta grave crisis de su política de seguridad y que nada cambia, el costo lo pagará quien gane la elección de junio de 2024.

  Y, paradójicamente, el gran esfuerzo político para conservar el liderazgo ý el impulso de la “revolución de las conciencias” se frustraría si quien gane la elección,  cuando le quieran cobrar el costo del fracaso lopezobradorista en seguridad empieza a preguntarse: ¿y yo por qué?