Café Político

 

 

Algo muy grave detonó el iracundo “al carajo”
Libros de texto dividen a la Cuarta República
Elecciones: listo el Gran Ejercito popular

  Aunque no justifica, la frustración de haber estado tan cerca de la Presidencia en la elección de 2006 explica aquel iracundo “¡al diablo con las instituciones!” lanzado en el Zócalo por el hoy Presidente Andrés Manuel López Obrador.

  Es cierto que no tiene precedente que, conforme se acerca la elección intermedia el cotidiano discurso presidencial sea más provocador, pero encaja con su dificultad para separar la investidura del activista.

  ¿Qué paso el viernes? ¿Qué impactó al Presidente tanto como para alterar tanto su ánimo? Para él ánimo personal algo tan grave como los eventos de 2006, lo hizo lanzar un iracundo “al carajo con actos demagógicos”. ¿Qué sería?

 

 

Comentario con López-Dóriga

No hay que temer

  Quienes hemos tenido el privilegio de ver todos los cambios en México durante casi ocho décadas. podemos afirmar que, aunque es cierto que aún cargamos con los históricos lastres de la pobreza y la desigualdad, también es cierto que hemos avanzado más de lo que nos dicen algunos discursos.

 

 

¿Útiles programas sociales contra el narco?
“Cierro la Iglesia”, delegado federal en BC
Agenda con EU, ¿derecho y no me quito?

  Hace tiempo, Ramón Galindo, que fue alcalde de Ciudad Juárez, se quejaba que pagaba 7 mil pesos mensuales a sus policías – más de 20 mil actuales-, “pero eso les pagan los narcos por quincena, imposible competir”.

  Difícil que esa realidad haya cambiado. Ese es el reto de la filosofía del Gobierno de la República que para combatir a las bandas del crimen organizado bastan los dineros que entregan en programas sociales.

  Pero esos dineros tienen un límite, el austero techo presupuestal, razón suficiente para pensar que, como dijera Galindo, “no pueden competir” y quizá llegó la hora de ajustar la estrategia anticrimen, antes que la realidad los obligue a hacerlo.