Comentario con López-Dóriga
"No me quiero morir"
“No me quiero morir, mamá, no me quiero morir”, rogaba el jovencito de 16 años Armando Hernández a su madre Alma Karina. Fue herido en Nuevo Laredo el 17 de agosto en medio de un fuego cruzado entre militares y criminales. Todos los medios dieron la nota. Sólo La Jornada le dio seguimiento.
Seis horas después de ser herido, ya con choque séptico, lo internó su madre en una clínica privada, pues tuvo que peregrinar seis horas y le negaron atención en dos hospitales del seguro social.
90 horas después de ser herido, sus últimas palabras fueron reproche a un gobierno indiferente y una sociedad encallecida por la diaria violencia criminal, pero entristecieron a este viejo cursi.
Suplicó Armando:
“Ya estoy cansado, mamá, ya duérmeme”. Y murió.