Café Político

 

 

Guardia Nacional, ¿también en obra negra?
INE, ¿víctima receta contra organismos autónomos?
Obregón si conmemoró el 27 de septiembre

Cuando se repasan las facultades de la Guardia Nacional nos damos cuenta de que, como decía Arturo de Córdova, no tiene la menor importancia si está encuadrada en la Sedena o en la civil Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

  ¿Están capacitados los guardias para desempeñar, entre otras tareas, las de “investigar para la prevención del delito, efectuar operaciones encubiertas, recibir las denuncias, detener personas y asegurar bienes relacionados con delitos”?

  Anunciaron la impartición de cursos en el Colegio Militar, pero son 115 mil guardias, difícil que todos mandos, oficiales, clases y tropa estén listos en dos años para ser policías, y puede concluirse que la Guardia estará todavía en obra negra en 2024, como todo el régimen lopezobradorista.

 

 

Ayotzinapa; sin lobo no hay cuento
Sucesión: amor y paz, piden a corcholatas
Una gobernadora para el México real

  Hace 28 años, el doctor Manuel Velasco Suárez, ya exgobernador de Chiapas, describió a un auditorio queretano el levantamiento armado del EZLN con una parábola: “no maten al lobo, porque se acaba el cuento”.

  Tristemente, eso ocurre con el brutal asesinato de los 43 normalistas hace ocho años. Tragedia administrada por el Gobierno de México para apuntalar su “verdad” y así, al tiempo que cumple promesas de campaña, ejerce su ansiada vendetta ideológica.

  No se dan por satisfechos los familiares de los normalistas encabezados hace ocho años por Vidulfo Rosales. Ganan más administrando el conflicto. Ellos y el Gobierno citan a don Manuel Velazco Suárez: “no maten al lobo, porque se acaba el cuento”.

 

 

El quid es la estrategia, no los militares
Indefensos, si doblegan al Poder Judicial
Salud: la ineptitud también es corrupción

  He metido el Presidente López Obrador a la clase política y a la opinión informada y publicada en un falso debate por la participación de los militares en la seguridad pública y alejar reflectores de su fallida estrategia de seguridad.

  Nadie se niega a atender las causas de la violencia: la desigualdad y la pobreza, pero son programas a largo plazo y la creciente presencia criminal exige soluciones hoy.

  Los militares no solucionarán la crisis de seguridad si sigue la necia estrategia de “abrazos, no balazos” y la obsesión enfermiza de rechazar el legítimo y constitucional uso de la fuerza de todo Estado democrático para defender a su población de las cada vez más poderosas bandas criminales.