Cosas que no cambian

  En esta sociedad del siglo 21, en la cual el pensamiento de las élites ha evolucionado, lo cual a nadie debe sorprendernos, sin embargo, en estos tiempos en que tantos se desvelan por abrirles espacios a la minoría, hay cosas que parecen no cambiar.

  Durante buena parte del siglo pasado, el siglo 20, más allá del partido hegemónico que a tantos quita el sueño, hubo una minoría a la cual le era más difícil que a otras expresarse política y socialmente.

  Al pensamiento conservador, particularmente el sector de la sociedad que se manifestaba católico, se le marginaba y el espíritu anticlerical se dejaba sentir en toda la sociedad.

  Se hizo la reforma a las leyes religiosas, pero poco cambió, porque después del advenimiento de la democracia en 2000, de pronto, sorpresivamente, regresó la atmósfera asfixiante.

 Hoy, cuando todos proclaman ser partidarios de la democracia y todas las libertades que conlleva, incluida la libertad religiosa, es políticamente incorrecto que las católicas y católicos expresen abiertamente su pensamiento, en lo político y en lo social.

  Todas, las minorías, se dice tienen derecho a expresarse. En la realidad todas, menos una.