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El Café del Fin

 

por

 

José Fonseca

 

 

   Año VI

25 de julio de 2010

                       300

NADIE PODRA

 

  A menos de 24 meses de las elecciones presidenciales aumenta la efervescencia, pero también empieza a cundir la percepción de que el sexenio del Presidente Felipe Calderón para fines prácticos ha terminado.

 

  Es cierto que para crear esa percepción contribuyen las acciones de Los Pinos y el partido en el poder, empeñados desde ahora en las escaramuzas de la gran batalla por la Presidencia de la República en 2012.

 

  Pero también es cierto que hay corrientes de opinión en la sociedad mexicana preparadas a posicionarse para el encontronazo entre las fuerzas políticas.

 

  Ambos comportamientos actúan como si el sexenio hubiera terminado, actúan como si ya poco o nada podrá hacerse para atender los formidables problemas que enfrenta la Nación.

 

  Para la celebración de las elecciones faltan algo así como 100 semanas. Y en 100 semanas pueden ocurrir acontecimientos que forzarán al gobierno y a las fuerzas políticas a atenderlos.

 

  Por ejemplo, ¿cuánto cambiaría si, contra los pronósticos de crecimiento lento, la economía norteamericana cayera en otra recesión? ¿cuánto cambiaría si las bandas del crimen organizado terminan por establecer controles territoriales en las comunidades que ahora se disputan? ¿Cuánto cambiaría si la violencia empieza a invadir los espacios de la política?

 

  Los anteriores son acontecimientos quizá improbables, pero no imposibles.

 

  ¿Acaso por el hecho de que al gobierno calderonista le queden 29 meses en el poder hay que abandonar la batalla para atender al creciente número de pobres? ¿Atenderán ese problema con reformas políticas, simple reflejo del forcejeo por el poder?

 

  La realidad, decía Einstein, es una ilusión, pero es muy terca.

 

  La realidad sólo puede cambiarse con acciones. Y ni el gobierno ni las fuerzas políticas pueden ignorarla, sólo para atender sus asuntos político electorales.

 

  Bien que los partidos y el ala política del gobierno y su partido se ocupen de los asuntos electorales, pero la responsabilidad de gobernar no puede ser ignorada.

 

  No se puede dejar a la Nación atrapada en las rencillas políticas.

 

  Las élites políticas y económicas de México no pueden aislarse en una burbuja durante los siguientes dos años, como si nada pudiera pasar.

 

  La vida de la Nación no se detiene, tampoco los problemas se resuelven sólo porque así lo quieran las élites nacionales.

 

  Quizá habría que recordarles a las fuerzas políticas y al gobierno que la responsabilidad de conducir los asuntos de la Nación que tiene el Presidente Calderón termina hasta el 30 de noviembre de 2012.

 

  Olvidar esa responsabilidad puede abrir puertas que luego nadie podrá cerrar.

 

Copyright(c) 2004-2010 José Fonseca Pérez. Derechos Reservados.
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