DESHONESTO
La semana que termina, tan intensa, por la polémica por el acuerdo suscrito entre César Nava y Beatriz Paredes, en una negociación que comprometía a unos a no hacer alianzas en la contienda por la gubernatura del Estado de México, y a otros a respaldar la propuesta fiscal del Presidente Calderón.
Mucho se ha dicho sobre el tema, demasiadas declaraciones, la mayoría desechables, pero empieza a mostrarse el rostro del reacomodo de fuerzas políticas y sociales, las cuales como se ha dicho en este espacio, se alinean con miras a la elección presidencial de 2012.
La posibilidad de una discusión racional del asunto ha sido oscurecida por los arranques de temperamento, la oportunista desvinculación del asunto de tantos actores políticos y por la reacción casi histérica de ciertos sectores de la opinión informada.
El error de origen fue, sin duda, la torpeza del dirigente nacional del PAN César Nava, cuya incompetencia desbarató un acuerdo, un acuerdo que sólo la desmemoria intencionada puede subestimar por las circunstancias de emergencia económica y financiera en que se suscribió.
Es una ligereza decir que Nava firmó a cambio de nada. Consiguió que la bancada priísta ignorara su propia plataforma y votara a favor de un acuerdo al IVA, en un momento en que las finanzas del gobierno calderonista sufría las consecuencias de haber subestimado la violencia de la crisis financiera global.
Fue una ligereza también suponer que Nava resistiría las presiones que en el CEN del PAN ejercen desde hace ya muchos meses los panistas que no se asumen como partido en el poder y parecen tenerle aversión a las penurias de gobernar y sólo quieren disfrutar de sus mieles.
Nava cedió a las presiones y rompió el acuerdo, con lo cual provocó la actual crisis y fue tardía la intervención del Secretario de Gobernación, pues en el seno del panismo Nava ya había perdido la batalla.
Y está más que claro que, más allá de sus prejuicios político ideológicos, el Presidente Calderón no se sintió lo suficientemente fuerte como para abrir en el PAN un frente más.
Ha dejado el Presidente a Fernando Gómez Mont la tarea de sortear la tormenta política desatada por la revelación del acuerdo entre el PAN y el PRI y las consecuencias de los errores de juicio de César Nava, cuya relación familiar podría ser lo único que por ahora lo mantenga al frente del partido.
El escándalo mediático, sin embargo, no se irá. Más allá de los agravios navistas al calcular mal los tiempos para decir la verdad, habrá que resistir los embates de un sector de la opinión informada e ilustrada que está decidida a forzar a la clase política a prácticas políticas que las visiones académicas suponen democráticas, y que sólo son ingenuas, perversamente ingenuas y por serlo corrosivamente irreales.
Las leyes siempre son el resultado de acuerdos políticos entre las fuerzas políticas en el Congreso y entre las fuerzas del Congreso y el Ejecutivo.
En su artículo del pasado sábado en el diario “Milenio”, Liébano Sáenz recuerda a los actores políticos que las reformas políticas que hicieron posible la alternancia, la imparcialidad de las autoridades electorales y la alternancia del poder fueron el resultado de acuerdos, no sólo entre las fuerzas políticas, sino de las fuerzas políticas con el Poder Ejecutivo Federal.
En su conferencia de prensa del viernes el Secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont recordó que los acuerdos son consustanciales a la política.
Pero a la clase política y a la opinión ilustrada los afecta un grave caso de desmemoria.
Por una parte, se atiza el fuego para aumentar el descrédito de los partidos políticos. Del habitual escepticismo se ha pasado al cultivo meticuloso de una profunda desconfianza en todos aquellos que elegimos para ejercer temporalmente el poder, sea en los gobiernos o en los congresos.
Tal ofensiva distancia a los partidos de los ciudadanos, fortalece presuntas acciones ciudadanas que terminan por ser acciones políticas, pero que por ahora sólo contribuyen a un desorden institucional que a la postre cumplirá con la sentencia del politólogo norteamericano David Broder, quien insiste que el debilitamiento del sistema de partidos termina por crear un desequilibrio entre poderes, siempre a favor del Poder Presidencial.
Lamentable la reacción de muchos priístas, porque ahora resulta que nadie sabía en el Congreso. Suponen que somos ingenuos cuando nos dicen los senadores y diputados que no sabían las razones por las cuales votaron a favor del paquete fiscal. Como si el voto de todos, priístas y panistas el pasado noviembre fuera el simple resultado de una inspiración momentánea y no de sopesar los respectivos intereses.
Peor aún la reacción del Senado. Raya en el puritanismo político la reacción de los senadores priístas, pero también en la mezquindad, porque algunas declaraciones, entre ellas las del coordinador de los senadores del PRI Manlio Fabio Beltrones contienen indirectas y acusatorias referencias a Enrique Peña Nieto, como aquella de que ellos, los senadores priístas, “no cambian votos por pactos deshonestos”.
No menos grave el arrebato oratorio del presidente de la mesa directiva del Senado y coordinador de los senadores perredistas Carlos Navarrete, quien acusa a Gómez Mont de injerencia en el Poder Legislativo. Y ya encarrerado dice que no negociarán la reforma política con el Secretario de Gobernación.
¿De cuándo acá una Cámara del Congreso y sus líderes no negocian con el Ejecutivo, especialmente cuando el Ejecutivo les ha enviado una iniciativa?
Sólo en el universo bizarro de los casi beatificados senadores, quienes ahora no son políticos profesionales proclives al acuerdo y la negociación, sino paradigmas de pureza ideológica, inmunes a las mundanas tentaciones del diálogo.
Aunque el peso del escándalo envuelve especialmente al dirigente nacional del PAN, las consecuencias y el manejo político de los hechos constituyen para el PRI la clave del futuro.
Si, como hasta ahora, reaccionan desunidos, cada quien protegiendo su imagen, sin quererlo estarán sellando su suerte electoral. Y, si no actúan coordinadamente y hacen uso de su habilidad, se encontrarán con que con la desunión priísta habrán abonado el terreno para que después de 2012 gobierne otros seis años el PAN.
Y, se confirmará aquello de que no tienen remedio.
Y todo para satisfacer a una opinión ilustrada, la mayoría de cuyos integrantes lo único que desean es la derrota del PRI.
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