Una
exigencia para debatir la reforma petrolera del Presidente Calderón ha servido
de pretexto para generar una irritante polarización política, una reedición de
las confrontaciones de las que suele nutrirse el movimiento del ex candidato
presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador.
La
toma de la tribuna, largamente anunciada, pareció no ser prevista por algunos
de los coordinadores parlamentarios, los del Senado y los de la Cámara de
Diputados.
Así
como la reforma petrolera ha metido a los políticos en una discusión semántica
sobre el significado y alcance del término “privatización”, la ocupación de las
tribunas del Senado y la Cámara de Diputados han provocado una discusión sobre
lo que es.
Los
frentistas dicen que es “una táctica legislativa habitual en todos los
congresos”, mientras que otros dicen que se trató de “secuestro”, “ocupación”,
“toma”.
El
hecho es que al final del día las tomas de las tribunas provocaron una
parálisis en los trabajos de los plenos de diputados y senadores.
Nadie
debiera sorprenderse por las tomas de las tribunas. Habían sido previstas y
forman parte de la estrategia de confrontación con el gobierno calderonista.
Desde días antes, el priísmo había dicho que no habría tiempo en este
período de sesiones para analizar y votar la iniciativa petrolera.
Mas
como los lopezobradoristas repiten y repiten tanto sus estribillos que se los
llegan a creer. La torpeza de algunos senadores panistas. Torpes en las
declaraciones y torpes en el manejo legislativo de la iniciativa, sólo
alimentaron la paranoia lopezobradorista de que se aprobaría la iniciativa en
“fast track”.
Y se
detonó la prevista toma de tribunas. Le hicieron un favor a López Obrador.
Aunque los legisladores lopezobradoristas son minoría en las bancadas
perredistas, la operación sirvió para alejar de las negociaciones a los
coordinadores perredistas. Ahora sólo podrán negociar si tienen el aval de la
tribu lopezobradorista en el Congreso. Con un golpe de mano López Obrador
arrinconó a sus opositores dentro del perredismo, quienes ahora batallan pare
cuando menos recuperar cierta autonomía en las negociaciones.
Miente López Obrador cuando se atribuye el mérito de haber impedido que
se votara la iniciativa este período de sesiones. Eso era ya asunto resuelto
por el PRI y el PAN.
Pero
la oxigenación recibida es suficiente como para que no le importe el desgaste
electoral del PRD. Calcula que faltan muchos meses - quince, para ser exactos-
para las elecciones legislativas. Y en quince meses todo puede pasar.
LA INICIATIVA
Como
sea, es una realidad aceptada por el Presidente Calderón que la iniciativa
petrolera no será aprobada en los términos que la envió.
Así
se los dijo ya el priísmo, quienes para empezar se oponen a que las refinerías
sean entregadas al sector privado, más otros temas.
Ya
los negociarán.
Con
lo que no contaban, sin embargo, ni los estrategas del gobierno calderonista ni
los panistas era con lo que diría Cuauhtémoc Cárdenas.
La
semana pasada algunos dichos del ingeniero Cárdenas habían avivado esperanzas
en el gobierno y en el PAN. Hasta se dejó correr la voz de que el ingeniero “sí
es una voz sensata, una voz inteligente, la voz de lo que debiera ser una
izquierda inteligente y viable”.
Sin
embargo, el pasado viernes, el ingeniero Cárdenas salió a calificar a la
iniciativa de reforma petrolera del Presidente Calderón como “entreguista”,
“atraco y atropello a la Constitución”, “una grave pérdida para el futuro del
país”.
Así,
la ecuación del proceso de la iniciativa de reforma petrolera ha cambiado.
Ahora
el gobierno calderonista y el PAN tendrán que aceptar todas las condiciones que
imponga el PRI.
A
muchos “puristas” les escandaliza que el gobierno negocie con el priísmo. Son
los mismos que desde la academia y desde los medios han satanizado las
negociaciones y los acuerdos políticos con el mote de “acuerdos en lo
oscurito”.
La
realidad, sin embargo, impone a los políticos y a los partidos la obligación de
negociar para llegar a acuerdos que preserven la gobernabilidad.
En la
España, cuya transición es paradigmática, los ganadores de las elecciones,
hayan sido socialistas o de centro derecha, con frecuencia tienen que hacer
alianzas con partidos minoritarios para formar gobierno.
Y
nadie se asusta que dichas alianzas tienen un costo.
Cualquier alianza, cualquier acuerdo es barato, cuando mantiene la
gobernabilidad y evita el desorden y la violencia.