Con el Café 23/Mar/08

 

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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

23 de Marzo de 2008

Número 184

 

  La semana que comienza estará dominada, sin duda, por el conflicto interno del PRD, resultado de la escandalosa elección de su dirigencia nacional. Y, claro, por esa discusión, a veces ideológica, a veces racional, casi siempre estridente sobre cómo sería una reforma que atendiera el problema energético que a mediano plazo enfrentará la economía de la República.

 

                                                         LA PELEA PERREDISTA

 

  El pleito en el seno del PRD no es por la dirigencia nacional del partido, sino por decidir cuál de las corrientes - la cardenista  o la lopezobradorista- tendrá en control de la estructura partidista y de sus expresiones institucionales en el Congreso y los gobiernos de los Estados.

  El ignorado reclamo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas para que se anulen las elecciones internas perredistas y se celebren de nuevo, es apenas una demostración más de que la influencia del ingeniero, el fundador del partido, es ya apenas testimonial en términos de influencia política concreta en las decisiones.

  Para Andrés Manuel López Obrador es crucial tener el control institucional del PRD, porque le da sustento y viabilidad política y económica al movimiento en el cual ha depositado sus esperanzas de derrotar políticamente al gobierno de Felipe Calderón.

  Con el control del partido, López Obrador podría darle vigencia a su táctica de presionar mediante movilizaciones callejeras, a la vez que le da la posibilidad obligar a los coordinadores en el Congreso y a los gobernadores perredistas a operar más en consonancia con la agenda personal del tabasqueño.

  Porque hay que decirlo. La agenda personal de López Obrador no necesariamente coincide con las agendas de otras corrientes del partido.

  Hubo un tiempo que en el PRD no se movía una hoja sin la anuencia del ingeniero Cárdenas. Ahora el objetivo de López Obrador es que nadie en el PRD actúe distinto a los designios de su movimiento y sus objetivos de mediano y largo plazo.

  El problema es que López Obrador y sus estridencias suelen aturdir a sus adversarios. Su discurso es provocador y causa reacciones viscerales.

  Y en ese terreno, el de la visceralidad, López Obrador tiene ventaja.

  Si en los próximos doce meses el gobierno calderonista y el PAN encuentran un discurso sencillo pero convincente, si actúan con inteligencia, estarían en posibilidades de conseguir que las elecciones legislativas de 2009 le dieran otro rostro al Congreso y de paso una indispensable bocanada de oxígeno al ambiente político nacional.

 

REFORMA ENERGÉTICA

 

  Como ciudadano, aún no sé exactamente cuál es el objetivo del gobierno, del partido en el poder y de la oposición en materia energética.

  El discurso simplista de “no a la privatización de Pemex”, y el mediático discurso del “tesoro en aguas profundas”, han polarizado a la opinión informada, pero a los ciudadanos no nos dejan en claro cuál será el destino de la renta petrolera de Pemex, la actual y la futura.

  Porque lo que está en disputa no son los activos físicos de Pemex, sino la renta que produce la actividad petrolera y la generación de energéticos.

  Todos, gobierno y partidos, nos deben explicaciones mayores y respuestas a muchas preguntas.

   No se pueden descalificar los recelos de la opinión informada con el argumento de que son dogmas superados.

  Tampoco se puede rechazar una discusión racional, inteligente y técnica acerca de el modelo de política energética a seguir.

  Los diputados y los senadores tendrían que explicar cómo fue que permitió que los recursos que presuntamente dejaron disponibles para Pemex en el presupuesto de 2008 fueran “esterilizados” por la exigencia de un superávit fiscal incluido en el mismo presupuesto. O sea, que no hay tales recursos disponibles para Pemex.

  El gobierno nos tendría que contar sobre el destino que se da al Fondo de Estabilización Petrolera, a donde va la tercera parte de los excedentes petroleros.

  La oposición nos tendría que explicar cuál su propuesta de política energética, sin los ditirambos absurdos de “energía barata”. No hay tal, la energía cuesta lo que tiene que costar de acuerdo a las realidades económicas.

  Hay muchas explicaciones y preguntas pendientes de responder.

  La principal y fundamental sería que supiéramos cuál es el proyecto de desarrollo, en qué sectores de la economía se concentrará el esfuerzo nacional para que ese desarrollo se refleja en disminuciones drásticas de los índices de pobreza y marginación.

  Y nos tendrían que mostrar su disposición a dialogar y a llegar a acuerdos.

  Los debates actuales son fútiles, en tanto no sea aceptada por todos, por los políticos de todos los partidos, por los funcionarios y por la sociedad una premisa fundamental de la democracia:

  “… No existe posibilidad de gobernar sin transacciones justas, honradas e inteligentes”.

 

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