Con el Café 9/Mar/08

 

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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

9 de Marzo de 2008

Número 183

 

 OFENSIVA

 

Arrecia la ofensiva contra el Secretario de Gobernación Juan CamiloMouriño.

  Aunque el gobierno calderonista ha iniciado un trabajo de control de daños, aún parecen no haber encontrado la fórmula para que la polémica puede transitar por la vía institucional.

  Hasta ahora los adversarios del gobierno de Calderón han tenido éxito en mantener el tema en los medios de comunicación, con los riesgos que las estridencias naturales no permitan a la población discernir quién tiene la razón.

  El caso Mouriño ha revelado, como lo consignó certeramente el maestro José Carreño Carlón, una cierta dificultad del gobierno del Presidente Calderón para manejar las crisis de comunicación.

  Y esa es una debilidad que en algún momento tendrá que superar el régimen, si no quiere pasar el resto del sexenio de escándalo en escándalos.

  Por supuesto que son escándalos administrados cuidadosamente por la oposición que encabeza Andrés Manuel López Obrador. Ese no es el problema, el problema es que los colaboradores del Presidente Calderón no han conseguido estructurar su comunicación política, y se quedan en el terreno de los spots comerciales que en el terreno político poco ayudan.

  Tanto Juan Camilo Mouriño como César Nava se quejan que se trata de una ofensiva cuyo objetivo es dañar el gobierno del Presidente Calderón.

  Califican de dolosos y perversos los ataques contra los colaboradores del Presidente. Por supuesto que son dolosos y perversos.

  Es de una enternecedora ingenuidad política esperar que un adversario como López Obrador, o cualquier otro actúe condescendientemente con Los Pinos o con el PAN.

  El certero golpe asestado por López Obrador tendría que haber sido revelador para el Presidente y sus colaboradores. Tendría que convencerlos que hace año y medio llegaron a Los Pinos, a las ligas mayores de la política.

  Están en el centro de la lucha por el poder, donde no se recibe ni se da cuartel a los adversarios.

  Por supuesto que los adversarios del Presidente Calderón quieren que fracase su gobierno. Y a algunos no les importa que tenga un costo para la Nación.

  Así es la realidad de la sinrazón y la mala fe de la política.

  No es la opinión pública la que tiene que comprender a los colaboradores del Presidente. Ellos son quienes deben comprender a la opinión pública y armar a corto plazo una estrategia de comunicación política.

  Pecan de inocentes al suponer que el perredismo y sus aliados van a sacar las polémicas contra los colaboradores del Presidente del terreno de la política, de las declaraciones y los posicionamientos mediáticos.

  Es el gobierno calderonista quien tendría que llevar el caso ante las instituciones jurídicas y administrativas para que ahí sea juzgado. 

  El Presidente Calderón tendrá que encontrar alguna salida para un problema que ha desviado la atención de los problemas centrales de la Nación.

  Por supuesto que sería un error que, en medio del escándalo, Calderón relevara a varios de sus colaboradores.

  Pero mientras sí podrían integrar una estrategia de comunicación política y de gobierno más agresiva.

  Están siendo blancos de una implacable ofensiva.

  Dejar hacer y dejar pasar sólo puede agravar la situación. Y lo que ahora es sólo un escándalo podría convertirse en crisis política. Lo que menos necesitan, el Presidente y la Nación.

 

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