Como en la semana que termina, en las
siguientes seguirá la escandalera, que no el debate sobre una eventual reforma
energética, y las descalificaciones para la Reforma judicial y penal que es
casi seguro que sea aprobada el próximo martes en la Cámara de Diputados.
Insistimos que aún no hay debate sobre la
reforma energética por la sencilla razón de que ni siquiera dentro de las
formaciones políticas representadas en el Congreso hay una idea acerca de qué
rumbo tomará la política energética del país.
Quizá ese el punto central del debate, ¿cuál
es la política energética que le conviene a la Nación? Conste, a la Nación, no
al gobierno de Calderón, ni a los partidos, ni a los grupos empresariales
fascinados con la desgastada tendencia maximizar utilidades.
¿Cuánto crudo queremos producir y cuánto
queremos exportar? De la respuesta a esa pregunta podría surgir una discusión
más razonada y razonable sobre política energética.
Durante enero de 2008, se produjeron 2,957
millones de barriles diarios. Se vendieron al extranjero 1,434 millones de
barriles diarios. La producción ha bajado 5.9 por ciento. La exportación 9.4
por ciento. Esto es, exportamos casi la mitad del crudo que producimos
diariamente.
Se consumieron 764 mil barriles diarios de
gasolina. Aumentó 5 por ciento.
Se importaron 301 mil barriles diarios de
gasolina. Aumentó 5.5 por ciento la importación.
El análisis de estas cifras, una proyección
entrelazada de las metas del consumo doméstico en un economía con mayor
crecimiento, las limitaciones de la exportación en las condiciones a esperar en
la próxima década, más que discutir si Pemex se privatiza o no, le darían un
contenido más inteligente al debate.
REFORMA
JUDICIAL
El próximo martes, es casi seguro sea
aprobada la llamada Reforma Judicial, que intenta transformar a fondo el
sistema de administración y procuración de la justicia.
Hay muchas prevenciones sobre los cambios
incluidos en la iniciativa.
De una parte, están a disgusto muchas
organizaciones de abogados y juristas, aunque no queda claro si el disgusto es
por el cambio, tan radical, para un sistema de administración de justicia que
ha sido utilizado durante tanto tiempo. Uno que exige algo más que movimiento
de papeles. Por ejemplo, le exige a los jueces estar presentes en todas las fases
de un juicio, lo cual no ocurre ahora.
A los agentes del ministerio público les
reduce facultades, porque no podrán consignar a una persona sólo por ser
acusada de cometer un delito. Tendrán primero que integrar una averiguación que
contenga las pruebas y evidencias suficientes para entonces presentar al
acusado ante un juez.
Sobre todo, ha levantado una gran polémica la
facultad que se otorga a las policías y agentes investigadores a ingresar a un
domicilio sin previa orden de cateo, siempre que esté en peligro la integridad
física de una o varias personas.
Quizá ese sea el punto más polémico.
La discusión tiene una gran carga emocional,
pero sobre todo una enorme carga ideológica.
Al final del día, es un intento por cambiar
el sistema de administración y procuración de justicia, el cual todos están de
acuerdo que desde hace varios años es altamente ineficaz.
El gobierno de Felipe Calderón, el PAN y el
PRI han decidido que el deterioro y la ineficacia, formidable obstáculo para
combatir a la delincuencia común y al crimen organizado, hacen que valga la
pena correr el riesgo político de cambiar el sistema.
El tiempo, porque transcurrirán varios años
para que el cambio empiece a operar a plenitud, dirá si el riesgo político
valió la pena.