Con el Café 17/Feb/08

 

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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

17 de Febrero de 2008

Número 180

 

La semana terminó con el impacto político y social que provocó el estallido de un artefacto en las inmediaciones de la Secretaría de Seguridad Pública del DF y de la céntrica Zona Rosa de la ciudad de México.

Hay demasiadas especulaciones en las versiones policíacas y periodísticas, aún así se conocen los hechos fundamentales.

1.- El artefacto explosivo, de acuerdo a las citadas versiones, aparentemente le estalló y mató a la persona que pretendía colocarlo en algún sitio cercano a las oficinas de la SSP del DF.

2.-Resultó herida una mujer, a quien se investiga por posible complicidad con el hombre que llevaba el artefacto.

3-- Quien resultó muerto, afirman, llevaba ropas sobrepuestas. Bajo un traje, vestía unos “pants” deportivos.

4.- Hay informaciones contradictorias sobre el tipo de explosivo empleado. La PGR advierte que aún no se ha determinado.

5.- Las autoridades han efectuado algunas detenciones y han interrogado a la mujer herida, pero no hay información confiable sobre quiénes fueron detenidos o por qué, ni sobre lo declarado por la herida.

Es evidente, aunque las autoridades federales y de la ciudad de México intentan minimizar la trascendencia de lo ocurrido, que se trata, ahora sí, de un acto de terrorismo.

Cabe recordar que habitualmente los “bombazos” del pasado han ocurrido a horas que no hay tránsito de personas, con la intención de evitar muerto o heridos.

Ahora no. Quizá, como dicen las autoridades, el artefacto estalló prematuramente, pero el hecho es que la intención era detonarlo a medio día, a la hora que por la zona hay un gran tránsito de personas. Luego, no se trató en ningún momento de evitar dañar a las personas.

Si aceptamos la hipótesis de las autoridades de que los autores intelectuales del “bombazo” fueron personas ligadas al crimen organizado del narcotráfico, es innegable que se trata de una escalada en la espiral de violencia que ya costó el año pasado casi 3 mil muertos.

Aunque, siendo honestos, no puede ignorarse que el sistemático asesinato de agentes y jefes policíacos, de algunos jueces, constituye una táctica de amedrentamiento que bien puede clasificarse como terrorismo.

Mas ahora la amenaza ya no es sólo a quienes de alguna manera participan en la lucha contra el crimen organizado, el bombazo del pasado viernes muestra que la amenaza se extiende a la población civil.

Es posible que lo sensato para las autoridades, tanto federales como del Distrito Federal, sea minimizar la acción terrorista, para impedir que cunda el pánico entre la población.

Pero esa actitud tiene que complementarse con acciones, porque si ocurre un segundo “bombazo”, o un tercero, el manejo de las emociones de la opinión pública será crecientemente difícil.

Aún en medio de esas dificultades, la única ventaja para las autoridades es que si la población se asusta, estará dispuesta a aceptar medidas enérgicas contra el crimen organizado.

Y el país empezaría a caminar por una ruta muy riesgosa, muy riesgosa.

 

REFORMA ENERGÉTICA

 

Aunque el gobierno del Presidente Calderón insiste en esperar a un diagnóstico técnico y científico sobre la situación del sector energético nacional, a juzgar por las declaraciones del Jefe del Ejecutivo Federal, del Secretario de Gobernación y de la Secretaria de Energía, el gobierno ya tiene su diagnóstico.

La reforma energética es, sin embargo, demasiado importante, para que el gobierno calderonista entre al debate con ideas preconcebidas, pues se coloca en la misma posición que sus adversarios: no estarían dispuestos a escuchar otras voces.

Es absurdo pensar que entre las posiciones extremas de “la apertura” y “la no privatización” no haya un amplio, amplísimo margen, en el cual puede buscarse la solución a la encrucijada en que está el país y el gobierno mismo de Calderón.

Quizá deberían escuchar a los grupos que, menos radicales, sugieren que en las zonas de Coatzacoalcos y de la Sonda de Campeche aún hay yacimientos no explorados y no explotados, más profundos que los yacimientos marítimos que se explotan actualmente, pero no tan profundos como los de la zona transfronteriza del Golfo de México, donde, a pesar de las expectativas, la explotación es más riesgosa, física y financieramente.

Como sea, el debate energético apenas empieza. Mal harían las élites políticas y económicas en convertirla en una guerra de trincheras, desgastante e inútil.

En este espacio cibernético nos atrevemos a sugerir que el debate energético, la reforma energética misma, puede provocar un nuevo y más dramático reacomodo de fuerzas políticas y económicas.

Y si el reacomodo deviene en un debilitamiento interno del PAN y del PRI, se reforzarían las posiciones radicales.

A ese reacomodo, parece, le apuesta el ex candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, insistimos, el debate energético es más trascendente que las mezquinas ambiciones políticas y económicas de personas, de grupos o de partidos.

En el debate energético se podría jugar no sólo el futuro del gobierno de Felipe Calderón, sino hasta el futuro de la Nación.

 

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