La semana terminó con el impacto político y
social que provocó el estallido de un artefacto en las inmediaciones de la
Secretaría de Seguridad Pública del DF y de la céntrica Zona Rosa de la ciudad
de México.
Hay demasiadas especulaciones en las
versiones policíacas y periodísticas, aún así se conocen los hechos
fundamentales.
1.- El artefacto explosivo, de acuerdo a las
citadas versiones, aparentemente le estalló y mató a la persona que pretendía
colocarlo en algún sitio cercano a las oficinas de la SSP del DF.
2.-Resultó herida una mujer, a quien se
investiga por posible complicidad con el hombre que llevaba el artefacto.
3-- Quien resultó muerto, afirman, llevaba
ropas sobrepuestas. Bajo un traje, vestía unos “pants” deportivos.
4.- Hay informaciones contradictorias sobre
el tipo de explosivo empleado. La PGR advierte que aún no se ha determinado.
5.- Las autoridades han efectuado algunas
detenciones y han interrogado a la mujer herida, pero no hay información
confiable sobre quiénes fueron detenidos o por qué, ni sobre lo declarado por
la herida.
Es evidente, aunque las autoridades federales
y de la ciudad de México intentan minimizar la trascendencia de lo ocurrido,
que se trata, ahora sí, de un acto de terrorismo.
Cabe recordar que habitualmente los “bombazos”
del pasado han ocurrido a horas que no hay tránsito de personas, con la
intención de evitar muerto o heridos.
Ahora no. Quizá, como dicen las autoridades,
el artefacto estalló prematuramente, pero el hecho es que la intención era
detonarlo a medio día, a la hora que por la zona hay un gran tránsito de
personas. Luego, no se trató en ningún momento de evitar dañar a las personas.
Si aceptamos la hipótesis de las autoridades
de que los autores intelectuales del “bombazo” fueron personas ligadas al crimen
organizado del narcotráfico, es innegable que se trata de una escalada en la
espiral de violencia que ya costó el año pasado casi 3 mil muertos.
Aunque, siendo honestos, no puede ignorarse
que el sistemático asesinato de agentes y jefes policíacos, de algunos jueces,
constituye una táctica de amedrentamiento que bien puede clasificarse como
terrorismo.
Mas ahora la amenaza ya no es sólo a quienes
de alguna manera participan en la lucha contra el crimen organizado, el bombazo
del pasado viernes muestra que la amenaza se extiende a la población civil.
Es posible que lo sensato para las
autoridades, tanto federales como del Distrito Federal, sea minimizar la acción
terrorista, para impedir que cunda el pánico entre la población.
Pero esa actitud tiene que complementarse con
acciones, porque si ocurre un segundo “bombazo”, o un tercero, el manejo de las
emociones de la opinión pública será crecientemente difícil.
Aún en medio de esas dificultades, la única
ventaja para las autoridades es que si la población se asusta, estará dispuesta
a aceptar medidas enérgicas contra el crimen organizado.
Y el país empezaría a caminar por una ruta
muy riesgosa, muy riesgosa.
REFORMA ENERGÉTICA
Aunque el gobierno del Presidente Calderón
insiste en esperar a un diagnóstico técnico y científico sobre la situación del
sector energético nacional, a juzgar por las declaraciones del Jefe del
Ejecutivo Federal, del Secretario de Gobernación y de la Secretaria de Energía,
el gobierno ya tiene su diagnóstico.
La reforma energética es, sin embargo,
demasiado importante, para que el gobierno calderonista entre al debate con
ideas preconcebidas, pues se coloca en la misma posición que sus adversarios:
no estarían dispuestos a escuchar otras voces.
Es absurdo pensar que entre las posiciones
extremas de “la apertura” y “la no privatización” no haya un amplio, amplísimo
margen, en el cual puede buscarse la solución a la encrucijada en que está el
país y el gobierno mismo de Calderón.
Quizá deberían escuchar a los grupos que,
menos radicales, sugieren que en las zonas de Coatzacoalcos y de la Sonda de
Campeche aún hay yacimientos no explorados y no explotados, más profundos que
los yacimientos marítimos que se explotan actualmente, pero no tan profundos
como los de la zona transfronteriza del Golfo de México, donde, a pesar de las
expectativas, la explotación es más riesgosa, física y financieramente.
Como sea, el debate energético apenas
empieza. Mal harían las élites políticas y económicas en convertirla en una
guerra de trincheras, desgastante e inútil.
En este espacio cibernético nos atrevemos a
sugerir que el debate energético, la reforma energética misma, puede provocar
un nuevo y más dramático reacomodo de fuerzas políticas y económicas.
Y si el reacomodo deviene en un
debilitamiento interno del PAN y del PRI, se reforzarían las posiciones
radicales.
A ese reacomodo, parece, le apuesta el ex
candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, insistimos, el debate energético
es más trascendente que las mezquinas ambiciones políticas y económicas de
personas, de grupos o de partidos.
En el debate energético se podría jugar no
sólo el futuro del gobierno de Felipe Calderón, sino hasta el futuro de la
Nación.