Con el Café 10/Feb/08

 

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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

10 de Febrero de 2008

Número 179

 

La semana que termina estuvo dominada por dos grandes temas: la elección de tres nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral, incluido su consejero presidente, y el incipiente, pero intenso debate que empieza a gestarse en torno a una eventual reforma del sector energético.

En algunos sectores de opinión ha provocado reacciones airadas la elección de consejeros del IFE.

Se ha denunciado con energía la flagrante violación de la reforma constitucional en materia electoral que fijaba como plazo el 13 de diciembre para la elección. Se ha denunciado también el turbulento proceso de negociación, detalles del cual han empezado a darse a conocer en algunos medios impresos.

En este espacio se ha opinado que todo proceso que requiere de una votación en el Congreso es un proceso político y partidista, un proceso en el cual intervienen los intereses políticos, los de partido y hasta las fobias y filias de los legisladores, además de sus personales proyectos y ambiciones.

Esperar otra cosa es fantasear, es suponer que los actores políticos tienen que elevarse por encima de las pasiones humanas.

Es demasiado pedir.

Lo que si ha revelado el proceso de elección de consejeros del IFE es que, como se ha sostenido en este espacio cibernético desde hacer ya cuatro años, el reacomodo de fuerzas políticas y económicas no ha terminado.

Y no ha terminado porque en ese reacomodo, para muchos de los actores más destacados está el propósito de modificar hasta donde sea políticamente posible el sistema de gobierno, por considerar que con otro sistema sus proyectos personales y de grupo tendrían más posibilidades de realizarse.

Hará falta algo más que la designación de un hombre de confianza en la Secretaría de Gobernación para que el Presidente Calderón impida que el reacomodo de fuerzas termine debilitando su Presidencia.

Exigirá de toda la capacidad de liderazgo, conducción y, sobre todo, de comunicación fluida y eficaz que posea Felipe Calderón.

Y mano firme para exigir a sus colaboradores primero, y luego para contener a sus adversarios.

 

ENERGÍA

 

La reforma energética es vital para asegurarle un mejor futuro a México, han coincidido la mayoría de las fuerzas políticas de la República.

No se puede evitar que haya un debate intenso, con frecuencia irracional y simplista, pero si debe evitarse a toda costa que se convierte en una guerra de trincheras, en la cual cada quien cave su posición y la defienda a costa de lo que sea.

Con su agudo instinto político, el ex candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador ha identificado la reforma energética como el tema que le puede dar una presencia mayor en los medios. Intentará ser interlocutor obligado en el debate energético.

López Obrador, quien además de agudo instinto político, tiene una fijación de ideas que ya le ha costado mucho en el pasado, ya empezó a cavar si trinchera. Nadie lo moverá del discurso “no a la privatización de Pemex”.

El tabasqueño enfrentará, sin embargo, el creciente descontento en las filas del perredismo porque el discurso lopezobradorista pueda devolverle al PRD la imagen de partido rijoso que tanto le costó en el pasado.

Es una paradoja que el mismo López Obrador que con su estrategia para buscar la candidatura presidencial y luego la Presidencia hizo tanto para eliminar la imagen rijosa del PRD, sea quien ahora con su discurso crecientemente violento reconstruya la imagen.

Quizá como ninguna otra reforma la energética exigirá de una estrategia inteligente, una que identifique la idiosincrasia nacional, pero que también tenga la capacidad de influir favorablemente en la opinión pública.

Esa estrategia inteligente debe ser lo suficientemente visionaria para definir objetivos nacionales a largo plazo. Y convencer a la opinión pública de que esos objetivos son los que le convienen a la República.

Y eso, aunque algunos en Los Pinos no lo quieran creer, exige algo más que spots que pintan de rosa la realidad.

 

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