Con el Café 20/Ene/08

 

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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

20 de Enero de 2008

Número 176

 

La semana que termina estuvo dominada por el relevo de los Secretarios de Gobernación y de Desarrollo Social.

El Presidente Felipe Calderón ha ajustado así su gabinete, precisamente en las áreas más delicadas: la política y la social.

Durante su campaña por la Presidencia Calderón hizo un ajuste drástico en su equipo y en su estrategia de campaña, ese ajuste le significó un triunfo que a tantos parecía improbable.

El tiempo dirá si el ajuste en el gabinete presidencial significa algún cambio real en la estrategia sexenal.

 

DESARROLLO SOCIAL

 

El relevo de Beatriz Zavala en Desarrollo Social ha estado sujeto a muchas interpretaciones.

Sin duda que muchos de los programas sociales de la dependencia funcionaron ineficientemente. Sólo en el seno del gobierno, quienes disponen de información privilegiada saben si la ineficiencia es atribuible a la ahora ex secretaria.

Al final ya no importa, pues de todas formas ha sido relevada.

En su lugar fue enviado Ernesto Cordero, quien fungía como subsecretario de Egresos de la Secretaría de Hacienda, precisamente la dependencia desde la cual se supervisa el eficiente ejercicio del presupuesto en las Secretarías de Estado.

Cordero es miembro del primer círculo presidencial y, sin duda, cuanta con la absoluta confianza del Presidente Calderón.

En la Secretaría de Desarrollo Social no estarán a prueba las capacidades administrativas, gerenciales o actuariales de Ernesto Cordero. En dicha Secretaría estará a prueba su sensibilidad social, su capacidad para ver más allá de la hoja de Excel y comprender que cada cifra afecta para bien o para mal a millones de personas.

En este relevo queda, sin embargo, una incógnita.

¿Se le regatearon intencionalmente las ministraciones de recursos a Beatriz Zavala para quedar mal o de verdad la ex secretaria no pudo con el encargo?

No sería la primera vez que un miembro del gabinete le tiende una celada a un compañero de gabinete y de partido.

 

GOBERNACIÓN

 

El relevo que atrajo más atención, claro, fue el de Gobernación.

Fue evidente que Francisco Ramírez Acuña no lo aceptó con el mejor ánimo. Basta releer su discurso para comprobarlo.

Como sea, ya está Juan Camilo Mouriño en Bucareli.

Él mismo reconoce que ya no podrá operar tras bambalinas. Ahora lo hará en el centro del escenario, sujeto a un implacable escrutinio público. Y, sobre todo, a cotidianos retos que buscarán averiguar su temple y su capacidad política.

Difícil saber si el Presidente Calderón sólo quiso en Bucareli a quien dicen es su hombre de mayor confianza y su amigo. O si decidió que si Mouriño se lleva a Bucareli toda la operación de la jefatura de la oficina de la Presidencia también podrá convertirse en el pararrayos que le ha faltado durante el primer año de su gestión.

De cualquier manera, Mouriño tendrá que enfrentar algo más que la sinrazón y la mala fe de sus adversarios y de los adversarios del Presidente. Hay desafíos más concretos e infinitamente más serios.

Tendrá que sortear los retos de una agitación política y social que no cede.

Dicha agitación explota los agravios percibidos por algunos sectores.

Se sustenta, quizá, en argumentos no siempre verídicos, ni siquiera racionales; pero explota con singular simplismo los complejos problemas de la Nación.

Las manifestaciones, hasta ahora pacíficas, podrían tornarse violentas, si el gobierno de la República no actúa con sensatez y prudencia.

A Mouriño habría que decirle aquella receta de Miguel de la Madrid:

 “… Controlen a su gente, porque el pasto está muy seco”.

Al desafío de la agitación social que tendrá que enfrentar el nuevo Secretario de Gobernación se suma la ya declarada guerra del crimen organizado.

El caso de Tijuana es paradigmático.

Mientras la presencia federal es abrumadora en Tamaulipas y sea realizan detenciones, se decomisa armamento y se intenta desmantelar a las bandas criminales, en Tijuana la lucha es contra los mandos policíacos.

La creciente violencia contra funcionarios policíacos y contra militares tendrá que enfrentarse con respuestas enérgicas, pero no sólo en la declaración, sino también en la eficacia.

El reto fundamental para Mouriño es cómo impedir que las bandas del narco y del crimen organizado se infiltren en los procesos electorales, locales, estatales y federales.

¿Cómo vigilar que en la selección de candidatos de un partido no se deje sentir la influencia del narco? ¿Cómo hacerlo sin que los partidos se quejen de interferencia gubernamental en sus procesos internos?

Porque no está claro que en los tres grandes partidos no haya políticos vinculados indirectamente o a veces directamente con las mafias.

Ese es el gran reto: proteger a las estructuras políticas institucionales y partidistas de la influencia del dinero sucio del narco, sustraerlas de su control.

Esa es la gran prueba para Juan Camilo Mouriño, porque será la tarea más difícil que enfrentará en su vida.

 

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