El Presidente Calderón sabe que en 2008 debe
consolidar una plataforma que le permita gobernar con base en programas que le
permitan, al final del sexenio, voltear hacia atrás y entregar la Presidencia
con la seguridad de que dejará un país cuando menos ligeramente mejor que el
recibido de Vicente Fox.
Necesita para ello, como piedra fundacional
del sexenio, la reforma energética, al menos una reforma energética que le de a
Pemex y, por supuesto, al país un horizonte que vaya más allá del horizonte de
2010 delineado en el diagnóstico de la Secretaría de Energía.
Debe aprovechar el Presidente que, salvo
algunos exaltados radicales, deslumbrados por la retórica dizque
“nacionalista”, la mayoría de las fuerzas reales del país, políticas,
económicas y sociales están convencidas que es inaplazable darle oxígeno a
Pemex, sacarlo de terapia intensiva.
Será una batalla dura, durísima, pero no
puede Calderón darse el lujo de perderla. Y si somos exigentes, el país no
puede darse el lujo tampoco de perder tal batalla.
GABINETE
Se habla mucho de cambios en el gabinete
presidencial.
Nadie, sin embargo, habla de la necesidad de
que el equipo de Los Pinos, incluido el Presidente, tiene que darle algún
margen de maniobra a su gabinete.
El control ejercido desde Los Pinos, a través
del jefe de la oficina de la Presidencia Juan Camilo Mouriño, es férreo.
Desde el arranque del sexenio se ha procurado
centralizar el proceso de decisiones. Han tomado literalmente aquello de que
los miembros del gabinete presidencial con “secretarios del despacho”.
Si lo son, pero también son posiciones desde
las cuales se tiene que hacer política.
Con esa política es con la cual se tiene una
malla protectora para el Presidente y se palia un poco el natural desgaste
ocasiones por la tarea de gobernar.
El Presidente de la República es el eje de la
vida política nacional, aún en estos tiempos tan “democráticos”.
Pero no puede el equipo de Los Pinos asfixiar
al gabinete. Si no le dan un respiro al control ejercido hasta ahora,
terminarán por asfixiar también la iniciativa que tendría que ejercerse desde
cada Secretaría.
¿Acaso ni dijeron siempre los panistas que el
Presidente de la República no puede hacer todo?
IMSS
Aún no termina por consolidarse el director
del Seguro Social Juan Molinar Horcacitas.
Es cierto, la situación del IMSS no es la
mejor, tiene muchos, quizá demasiados problemas, pero no puede analizarse sólo
desde la perspectiva gerencial del costo beneficio, como lo ha intentado hasta
ahora el director del IMSS.
Política y socialmente, la seguridad social
es el compromiso moral del Estado con los ciudadanos.
Es una responsabilidad de carácter ético, no
financiero.
Desmantelar la red de seguridad social, cuyo
eje es el Instituto Mexicano del Seguro Social significaría dejar a millones de
mexicanos a merced de la depredación de las leyes del mercado.
Y políticamente significaría arrojar un balde
de gasolina a lo que ahora es apenas una hoguera que con talento político puede
apagarse.