Aún está presente la emergencia en Tabasco por
las inundaciones que devastaron a la entidad.
El reto, por ahora, es la organización del reparto de
la ayuda a los damnificados.
Hay indicios de que en esa tarea aún prevalece cierta
desorganización.
Hay mucho entusiasmo, demasiadas manos para ayudar.
Falta que alguien las organice.
Sólo pueden hacerlo dos instancias: el gobierno
estatal y una sola instancia del gobierno federal.
De otra forma se corre el riesgo de que el reparto de
ayuda se convierta en una competencia de fuerzas políticas por capitalizarlo.
Eso haría que se perdiera el control de toda la
situación.
Y la situación necesita estar bajo control, para
seguridad de la población damnificada y para proceder luego a lo que será la
reconstrucción de las poblaciones afectadas por la inundación
En esa reconstrucción el rol predominante lo tendrán
el gobierno federal, la Cámara de Diputados, el gobierno estatal y los
gobiernos municipales.
En Tabasco hace falta un programa a largo plazo, con
presupuestos multianuales que permitan fortalecer la infraestructura hidráulica
de la entidad.
El gobierno federal debe disponer de los recursos
técnicos y financieros para reemprender los programas que por omisiones y
temores burocráticos se interrumpieron desde hace dos años.
Para el soporte técnico de los programas el gobierno
del Presidente Calderón tendrá que olvidarse de las cuotas partidistas, porque
en muchas dependencias la necesidad de dar posiciones a los militantes panistas
ha desplazado a personal con experiencia y capacidad.
Los recursos financieros tendrá que aportarlos la
Cámara de Diputados, cuya voluntad política está a prueba. La emergencia es
real y no pueden los legisladores ocultarse tras las cortinas de humo de las
acusaciones y búsqueda de culpables, porque la reconstrucción de Tabasco se ha
vuelto una prioridad.
Los gobiernos estatales y municipales tendrán el reto
de atender las tareas de recuperación sin sesgos de partido, lo cual dado el
carácter tabasqueño será un auténtico desafío.
De cualquier manera, desde ahora, el desastre
tabasqueño será también un serio problema político.
El Presidente Calderón necesita actuar con celeridad y
con energía, porque no tarda en hacerse presente la agitación política.
Surgirán “luchadores sociales”, presuntamente representantes de damnificados
que pueden trastocar la estabilidad política, primero de Tabasco y luego de la
República.
Eficacia y eficiencia necesitará el Estado mexicano
para atender el caso Tabasco con programas a largo plazo.
Sensibilidad y habilidad para enfrentar los retos
políticos que se harán presentes, porque más allá de consideraciones morales,
para muchas fuerzas políticas el desastre de Tabasco es una oportunidad de
desestabilizar al gobierno de Felipe Calderón.
El caso Tabasco exigirá de mucha política inteligente,
recordando aquella frase de Adolfo López Mateos;
“… Los sesos
bien cocinados son muy buenos, pero son mejores cuando se acompañan de huevos“.