Con el Café 4/Nov/07

 

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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

4 de Noviembre de 2007

Número 169

 

Soporte

 Aún está presente la emergencia en Tabasco por las inundaciones que devastaron a la entidad.

El reto, por ahora, es la organización del reparto de la ayuda a los damnificados.

Hay indicios de que en esa tarea aún prevalece cierta desorganización.

Hay mucho entusiasmo, demasiadas manos para ayudar.

Falta que alguien las organice.

Sólo pueden hacerlo dos instancias: el gobierno estatal y una sola instancia del gobierno federal.

De otra forma se corre el riesgo de que el reparto de ayuda se convierta en una competencia de fuerzas políticas por capitalizarlo.

Eso haría que se perdiera el control de toda la situación.

Y la situación necesita estar bajo control, para seguridad de la población damnificada y para proceder luego a lo que será la reconstrucción de las poblaciones afectadas por la inundación

En esa reconstrucción el rol predominante lo tendrán el gobierno federal, la Cámara de Diputados, el gobierno estatal y los gobiernos municipales.

En Tabasco hace falta un programa a largo plazo, con presupuestos multianuales que permitan fortalecer la infraestructura hidráulica de la entidad.

El gobierno federal debe disponer de los recursos técnicos y financieros para reemprender los programas que por omisiones y temores burocráticos se interrumpieron desde hace dos años.

Para el soporte técnico de los programas el gobierno del Presidente Calderón tendrá que olvidarse de las cuotas partidistas, porque en muchas dependencias la necesidad de dar posiciones a los militantes panistas ha desplazado a personal con experiencia y capacidad.

Los recursos financieros tendrá que aportarlos la Cámara de Diputados, cuya voluntad política está a prueba. La emergencia es real y no pueden los legisladores ocultarse tras las cortinas de humo de las acusaciones y búsqueda de culpables, porque la reconstrucción de Tabasco se ha vuelto una prioridad.

Los gobiernos estatales y municipales tendrán el reto de atender las tareas de recuperación sin sesgos de partido, lo cual dado el carácter tabasqueño será un auténtico desafío.

De cualquier manera, desde ahora, el desastre tabasqueño será también un serio problema político.

El Presidente Calderón necesita actuar con celeridad y con energía, porque no tarda en hacerse presente la agitación política. Surgirán “luchadores sociales”, presuntamente representantes de damnificados que pueden trastocar la estabilidad política, primero de Tabasco y luego de la República.

Eficacia y eficiencia necesitará el Estado mexicano para atender el caso Tabasco con programas a largo plazo.

Sensibilidad y habilidad para enfrentar los retos políticos que se harán presentes, porque más allá de consideraciones morales, para muchas fuerzas políticas el desastre de Tabasco es una oportunidad de desestabilizar al gobierno de Felipe Calderón.

El caso Tabasco exigirá de mucha política inteligente, recordando aquella frase de Adolfo López Mateos;

 “… Los sesos bien cocinados son muy buenos, pero son mejores cuando se acompañan de huevos“.

 

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