Con el Café 21/Oct/07
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

21 de Octubre de 2007

Número 167

 

Audacia

            A 40 días de cumplir suprimer año de gobierno, el Presidente Felipe Calderón parece haber empezado a dejar atrás esa aureola de “ilegitimidad” que la frustración de Andrés López Obrador y sus aliados le colocaron a su gobierno.

  Ha empezado a fortalecer a la Presidencia de la República, eje en torno al cual gira el quehacer político  - y a veces hasta el económico- de México.

  El equipo de Los Pinos ha tardado en aceptar la premisa de que a cualquier gobernante es el ejercicio del poder la mejor fórmula de legitimidad.

  Aún así, todavía no desactivan la táctica “del contraste”.

  Ante el desencanto producido por la dislocada Presidencia de Vicente Fox, en Los Pinos se decidió hacer todo aquello que no quiso o no pudo hacer su sucesor.

  Lo han conseguido en parte, porque han tenido que enfrentar la intransigencia de López Obrador. Sin embargo, lo conseguido no ha sido gratis.

  El Congreso ha sido aliado, a veces involuntario, otras interesado, para alcanzar algunos de los objetivos políticos del Presidente.

  El Presidente Calderón ha tenido que negociar y ceder a veces más de lo calculado, para conseguir crear la imagen de que es un mandatario en pleno ejercicio del poder presidencial, un poder presidencial que, más allá de las teorizaciones de los especialistas de la ciencia política y de la sociología, para los ciudadanos de a pie es todo. Para los ciudadanos en la Presidencia se concentra el Poder de la República. Y punto.

  El gradual reconocimiento obtenido en las filas del PRD es la mejor muestra de que se avanza.

  Así, a 40 días de cumplir su primer año de gobierno.

  Ya sólo un sector radical e intransigente cuestiona que el Presidente de México es Felipe Calderón.

  En su segundo año de gobierno, quizá, el equipo de Los Pinos tendrá que ocuparse de convencer a tantos escépticos como hay entre muchos de los aliados que contribuyeron a llevar al Presidente Calderón a Los Pinos.

  El amargo escepticismo de muchos sectores tiene su origen en la percepción de que la economía de la República avanza a paso muy lento, demasiado lento para tantas necesidades.

  En esos sectores la percepción es de que muchos de los problemas financieros enfrentados por el actual gobierno empezarían a superarse si la economía adquiere tal dinamismo que pueda crecer cuando menos al 5 por ciento anual.

  Eso, dicen algunos especialistas y no pocos empresarios, se consigue con la reactivación de la economía doméstica.

  Es posible que esa sea, por ahora, la mejor vía.

  Ya veremos si el Presidente Calderón consigue sacar a la economía mexicana del marasmo en que la dejaron seis años perdidos del sexenio de Vicente Fox.

  Ese marasmo, después de todo, ha producido una economía mediocre.

  Y una economía mediocre no soluciona los problemas de pobreza, desigualdad y desempleo que podrían convertirse en crónicos.

  Quizá hace falta más audacia en el gobierno, para modificar paradigmas superados y no aplicados en los países desarrollados, pero que en México todavía algunos consideran artículos de fe.

 

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