A 40 días de cumplir suprimer año de gobierno, el Presidente Felipe Calderón parece haber empezado a
dejar atrás esa aureola de “ilegitimidad” que la frustración de Andrés López
Obrador y sus aliados le colocaron a su gobierno.
Ha empezado a fortalecer a la Presidencia de
la República, eje en torno al cual gira el quehacer político- y a veces hasta el económico- de México.
El equipo de Los Pinos ha tardado en aceptar
la premisa de que a cualquier gobernante es el ejercicio del poder la mejor
fórmula de legitimidad.
Aún así, todavía no desactivan la táctica
“del contraste”.
Ante el desencanto producido por la dislocada
Presidencia de Vicente Fox, en Los Pinos se decidió hacer todo aquello que no
quiso o no pudo hacer su sucesor.
Lo han conseguido en parte, porque han tenido
que enfrentar la intransigencia de López Obrador. Sin embargo, lo conseguido no
ha sido gratis.
El Congreso ha sido aliado, a veces
involuntario, otras interesado, para alcanzar algunos de los objetivos
políticos del Presidente.
El Presidente Calderón ha tenido que negociar
y ceder a veces más de lo calculado, para conseguir crear la imagen de que es
un mandatario en pleno ejercicio del poder presidencial, un poder presidencial
que, más allá de las teorizaciones de los especialistas de la ciencia política
y de la sociología, para los ciudadanos de a pie es todo. Para los ciudadanos
en la Presidencia se concentra el Poder de la República. Y punto.
El gradual reconocimiento obtenido en las
filas del PRD es la mejor muestra de que se avanza.
Así, a 40 días de cumplir su primer año de
gobierno.
Ya sólo un sector radical e intransigente
cuestiona que el Presidente de México es Felipe Calderón.
En su segundo año de gobierno, quizá, el
equipo de Los Pinos tendrá que ocuparse de convencer a tantos escépticos como
hay entre muchos de los aliados que contribuyeron a llevar al Presidente
Calderón a Los Pinos.
El amargo escepticismo de muchos sectores
tiene su origen en la percepción de que la economía de la República avanza a
paso muy lento, demasiado lento para tantas necesidades.
En esos sectores la percepción es de que
muchos de los problemas financieros enfrentados por el actual gobierno
empezarían a superarse si la economía adquiere tal dinamismo que pueda crecer
cuando menos al 5 por ciento anual.
Eso, dicen algunos especialistas y no pocos
empresarios, se consigue con la reactivación de la economía doméstica.
Es posible que esa sea, por ahora, la mejor
vía.
Ya veremos si el Presidente Calderón consigue
sacar a la economía mexicana del marasmo en que la dejaron seis años perdidos
del sexenio de Vicente Fox.
Ese marasmo, después de todo, ha producido
una economía mediocre.
Y una economía mediocre no soluciona los
problemas de pobreza, desigualdad y desempleo que podrían convertirse en
crónicos.
Quizá hace falta más audacia en el gobierno,
para modificar paradigmas superados y no aplicados en los países desarrollados,
pero que en México todavía algunos consideran artículos de fe.