Hay muchos
procesos en marcha, algunos de los cuales pueden ser determinantes para el
ejercicio del gobierno del Presidente Calderón.
En algunos puede influir abiertamente, en otros tiene
que hacerlo con sigilo, pero ninguno serle ajeno, porque están involucrados en
esos procesos instituciones y grupos de interés, de cuyo equilibrio depende una
gobernabilidad eficaz.
UNAM
Antes de una semana, la Junta de Gobierno de la UNAM
habrá escogido al sucesor del rector Juan Ramón de la Fuente.
Hasta ahora, el proceso transcurre con tranquilidad,
la tranquilidad resultante del equilibrio de fuerzas conseguido durante ocho
años de buen trabajo del actual rector.
Durante los seis años de gobierno de Vicente Fox y
ahora durante 11 meses de gobierno de Felipe Calderón, la Universidad Nacional
Autónoma de México no ha sido factor de desestabilización, por el contrario, ha
contribuido a la estabilidad política y social.
No importa quien suceda a De la Fuente. Quien quiera
que sea tendrá que lidiar con los embates de quienes desde la militancia
política no pierden la esperanza de volver a atrincherarse en la UNAM y
convertirla en ariete para sus objetivos políticos.
Contará, quien sea el nuevo rector, con el respaldo de
la sociedad; pero tiene que ser algo más que declarativo, porque le embestida
será fuerte.
Y se corre el riesgo de una regresión que sería una
tragedia para la Nación.
IFE
A menos que usted, cibernético lector, sea de quienes
se hagan ilusiones sobre los objetivos de la renovación del Consejo General del
Instituto Federal Electoral, está más que claro que el nuevo consejero
presidente y los dos consejeros a relevar en las próximas semanas deberán
surgir de una negociación entre todos los partidos.
Es una ingenuidad que la llamada “consulta” que hará
la Cámara de Diputados será abierta a toda la sociedad.
No, será un nuevo ejercicio de intercambio de
opiniones entre los legisladores y las mismas organizaciones -¿civiles o
políticas?- que impusieron sus criterios en las reformas constitucionales en
materia electoral.
Y, como tiene que ser cuando una de las Cámaras del
Congreso aprueba designaciones, la selección de dos nuevos consejeros del IFE y
de su consejero presidente será el resultado de negociaciones entre los
partidos.
Negociaciones políticas, aunque nos digan lo
contrario.
Sólo se puede aspirar a que los nuevos consejeros
asuman su autonomía y resistan las presiones de sus “benefactores” que los
escogieron.
LEY
DE MEDIOS
En las próximas semanas, en el Senado se tomarán
importantes decisiones en materia de medios, decisiones de las cuales dependerá
el límite que se impondrá a la libertad de que ahora han disfrutado los medios
de comunicación electrónicos.
No será ajeno a ese proceso el Ejecutivo, pues desde
el gobierno se han hecho manifestaciones que muestran la intención de
reglamentar los contenidos de los programas en los medios electrónicos.
En estricto rigor muchas de esas disposiciones ya
están en las leyes. Son las autoridades las que no las han aplicado o, en
muchos casos, las sanciones son ineficaces.
Nadie, por supuesto, puede estar en desacuerdo con el
respeto a la vida privada y al honor de las personas, en el ejercicio periodístico
de los medios de comunicación electrónicos, uno de los argumentos esgrimidos
por los “purificadores”.
El riesgo es que de lo que algunos llamaron
“libertinaje” durante los últimos 15 años, ahora el péndulo se mueva hacia el
excesivo control de contenidos. A una novedosa forma de sutil censura.
Sobre ese riesgo ya advirtieron muchos especialistas,
aún aquellos que han sido críticos de los medios de comunicación electrónicos.
En este espacio se ha advertido sobre esa tentación.
Podrá parecer exagerada la prevención; pero más vale
prevenir que luego lamentar.
La sociedad y el proceso modernizador de la democracia
mexicana tienen todo que perder si los políticos del Congreso ceden a dicha
tentación.
Es un riesgo latente, porque en la nueva ley de medios
están en juego no sólo los prejuicios políticos y académicos, sino poderosos
intereses empresariales, a quienes no les importa la libertad de expresión,
sino convertirse en empresarios de medios electrónicos a partir de un nuevo
esquema legal.