La posibilidad
del Presidente Calderón entregue su primer informe de gobierno y lea un mensaje
ante la sesión del Congreso General (sesión conjunta de senadores y diputados),
ha dominado las informaciones de la semana que termina.
En una maniobra táctica, el Presidente decidió no
sufrir el sofocón de Vicente Fox el año pasado y lanzó la idea de debatir y
dialogar con el Congreso. Así, el Presidente Calderón provocó una discusión
acerca de la pertinencia de la ceremonia del Informe Presidencial.
Y, después de marchas y contramarchas, como la fallida
propuesta panista de modificar en un período extraordinario el formato del
informe, ya consiguieron en Los Pinos al menos que prácticamente nadie, salvo
algunos rezagados, se oponga a que el Ejecutivo ingrese al recinto del Palacio
Legislativo. Ese fue el primer avance.
Ahora, pese a todo, la discusión es si el Presidente
Calderón entrega su informe por escrito en la tribuna o en el salón de
protocolo, como sugieren los priístas.
Los panistas ahora quieren una ceremonia con formato
tradicional; los perredistas se oponen. Sin embargo, existe la circunstancia de
que el 31 de agosto los diputados votarán, ya no si eligen a la perredista Ruth
Zavaleta como presidenta de la mesa directiva, sino si le permiten asumir ese
mismo día, o si, como ya ha ocurrido, se pospone su toma de posesión hasta
después del uno de septiembre.
Tiene, pues, el Presidente Calderón a sus adversarios
en un callejón sin salida.
Y, otra vez, ha ganado la batalla de la opinión
pública y hasta se ha ganado respaldo entre algunos de sus adversarios en la
clase política.
La expectación, pues, continúa: ¿cómo será la
ceremonia del Primer Informe de Gobierno del Presidente Calderón?
Lo que todos tenemos claro es que de ninguna manera
será como la del último informe de Fox.
A menos que, llevados por su vocación al suicidio
político, los diputados lopezobradoristas revienten la ceremonia.
Como sea, será interesante atestiguar la ceremonia del
Primer Informe de este gobierno.
REFORMA
ELECTORAL
El año pasado, el académico Robert Pastor, ex asesor
de seguridad en la Casa Blanca y ex director del Centro Carter, opinó en una
entrevista a The New York Times, que
Estados Unidos podría aprender del sistema electoral mexicano.
Es un sistema, dijo, muy eficaz para conducir y juzgar
elecciones libres.
El problema, advirtió, es que hay algunos en México
que quisieran que el resultado de las elecciones se resolviera no por el voto
de los ciudadanos, sino a favor de aquellos que saquen más gente a la calle o
que en cuartos oscuros y cerrados decidan el resultado.
Es un diagnóstico severo; pero acertado, porque si
bien el sistema electoral mexicano es perfectible y sus instituciones
electorales -IFE y TRIFE-, deben fortalecerse, la circunstancia política ha
llevado a los partidos y a ciertos grupos académicos a pretender cambiarlo
totalmente.
Lamentablemente, a diferencia de 1996, cuando la
reforma electoral respaldada por todos tuvo como objetivo afianzar
definitivamente la democracia, ahora las instituciones creadas entonces están
bajo fuego.
Se trata de los malos humores de los partidos que
perdieron la elección y del oportunismo de los que ganaron que con tal de
alcanzar objetivos coyunturales están dispuestos a alterar el sistema
electoral, en beneficio de la clase política, no de los ciudadanos.
Para empezar, los grupos políticos y académicos que
perdieron las elecciones presidenciales del año pasado quieren vengarse de los
consejeros electorales y destituirlos.
Luego crear un instituto nacional de elecciones que
despojaría a los Estados de la facultad soberana de organizar y conducir sus
procesos electorales locales.
Además, con torpeza monumental, desde el gobierno
federal se ha orquestado una intriga palaciega contra el Tribunal Federal
Electoral, a cuyos magistrados quieren, si no destituir, si amedrentar.
En ese clima de tantos mal humores, de tanto ánimo de
venganza y de tanta ansiedad por llevar a la práctica proyectos de cubículo,
ajenos a la realidad nacional, se corre el riesgo de dar no uno, sino muchos
pasos atrás en nuestro sistema electoral.
EDUCACIÓN
En el sector educativo se ha entablado un forcejeo
inaceptable entre la Secretaría de Educación Pública y el liderazgo sindical.
Con el pretexto de evaluaciones a los alumnos, se ha
montado una campaña contra el liderazgo sindical, en torpe respaldo a la
Secretaria Vázquez Mota.
El problema es muy simple.
Las evaluaciones sin inútiles, porque no se acompañan
de programas concretos y viables para proporcionarle a los maestros y alumnos
herramientas pedagógicas más eficaces.
En cuanto al liderazgo sindical, bastaría con que en
Los Pinos se hicieran la pregunta:
¿Podemos conseguir que en el SNTE sea relevada la
profesora Elba Esther Gordillo?
No se trata de divagaciones ideológicas o moralistas
sobre la perversidad del corporativismo.
Sólo tiene en Los Pinos que construir algunos
escenarios. Por ejemplo, si se perdiera el control del SNTE, ¿quiénes lo
asumirían? ¿Acaso los profesores de la coordinadora, tan vinculados al
lopezobradorismo?
En el gobierno nadie se puede dar el lujo de
puritanismo, eso déjenlo para quienes escribimos editoriales.
En el gobierno se tiene que lidiar con realidades,
sólo con realidades.
En el gobierno no se puede soñar, porque alguien dijo
hace muchos años que para los pueblos nada es más peligroso que los sueños de
los políticos.