Con el Café 19/Ago/07
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

19 de Agosto de 2007

Número 158

 

DESORDEN, CAOS Y ACUERDOS

El PRD está por dar por concluido su Décimo Congreso Nacional, en el cual las conclusiones son el resultado de una farragosa y agitada negociación entre las corrientes de Nueva Izquierda y los fieles al lopezobradorismo.

Se han hecho innumerables análisis negativos sobre este congreso, quizá demasiados, más con el afán de desacreditar a la oposición que representa el PRD.

Es una realidad la disminución visible de presencia electoral. Desde las elecciones de gobernador de Tabasco el año pasado, el PRD no ha conseguido avances electorales, por el contrario, en la mayoría de los casos ha retrocedido.

Mas también es un hecho real que ocupan seis gubernaturas, son la segunda fuerza legislativa en la Cámara de Diputados y la tercera en el senado, además de ocupar más de 400 alcaldías en toda la República. No se trata pues de una fuerza menor, desechable.

Se magnifica el ser del perredismo. Son conflictivos, polémicos, rijosos y sus asambleas son el paradigma del desorden y el caos.

Pero no pueden exagerarse las divisiones. Sobre todo, porque al final del Congreso Nacional ha quedado claro que no están dispuestos a llevar al partido a la fractura, aunque sea por simple instinto de sobrevivencia política.

El abrazo con que sellaron el sábado su tregua Jesús Ortega, líder de la corriente mayoritaria, y Alejandro Encinas, visto como aliado de López Obrador, muestra como al final de la jornada se impuso la cordura, aunque las crónicas pretendan desacreditar esa alianza que no por temporal es fundamental en este momento del PRD.

Por supuesto que tendrán que seguir lidiando con su ex candidato presidencial, porque Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en una figura singular en más de un sentido.

Él va por su propio camino y quiere que todos le sigan. Aquellos que no lo hagan, ya han sido condenados como “izquierda legitimadora que es como una derecha simulada”.

No es cierto que perdió la corriente de Nueva Izquierda, como tampoco lo es que lo ganó todo López Obrador.

No hubo la autocrítica que los analistas de los medios le exigían al perredismo, porque habría sido como desechar a su ex candidato presidencial. Y, la verdad sea dicha, López Obrador ha realizado la hazaña de que por primera vez un candidato presidencial derrotado mantenga una influencia importante en su partido, en los medios y en general en la escena política nacional. Eso nunca había ocurrido.

A pesar de que no hubo autocrítica como se las exigían, los perredistas reconocieron muchos errores. Nada más lapidario que aceptar que durante el proceso de la elección presidencial “hubo exceso de confianza”. Ahí en el Congreso perredista se dijo que para muchos partidarios de López Obrador “la elección era un mero trámite, porque tenían el triunfo en el bolsillo”. Y quedó flotando la pregunta de si acaso el tabasqueño no pensaba exactamente lo mismo.

La disputa no fue lo encarnizada que tantos esperaban, a pesar de los desórdenes. Hubo una transacción, de otra manera no se explica que, a la vez que se acuerda fortalecer la institucionalidad, se acuerda apoyar todas las movilizaciones y manifestaciones sociales. El dilema de trabajar dentro de las instituciones y simultáneamente en las calles sigue sin resolver.

Así de fuerte es la figura de López Obrador. Pero también se vuelve vulnerable si se cierra a otras opciones de acción política que tiene el partido.

Seguirle apostando a las giras con las que “pueblea”, es apostarle a la difuminación electoral, pues los más experimentados estrategas y operadores de campañas electorales sostienen que para ganar una elección nacional basta con obtener una sustancial mayoría en 100 ciudades de la República. Y en algunos Estados basta con ganar en dos o tres ciudades.

Así pues, la suma de “pueblos” que parece ser el camino de López Obrador está condenada al fracaso.

Como sea, el próximo marzo los perredistas elegirán a su nuevo dirigente, al sustituto de Leonel Cota. El acuerdo del Congreso Nacional para que en ese proceso voten sólo los perredistas registrados le da ventaja a Jesús Ortega y a Nueva Izquierda.

Una vez elegido su nuevo dirigente, el reto del PRD será cómo construir una presencia en el Bajío y en el Norte de la República, donde los recientes comicios lo han convertido en una fuerza electoral marginal.

Esa es la tarea, porque de otra manera corren el riesgo de que para las elecciones legislativas federales del 2009 pierdan su carácter de segunda fuerza electoral.

 

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