Cuando el Presidente Felipe Calderón hizo el anuncio
de estar dispuesto a dialogar y hasta a debatir con los senadores y diputados
en la ceremonia del uno de septiembre, realizó una maniobra agresiva que, por
ahora, ha colocado en una situación cuando menos incómoda al Congreso, sobre
todo a los partidos de oposición.
Quizá, en el fondo, el Presidente Calderón supo
siempre que la oposición no atinaría a responder al desafío.
Primero, porque aceptar el desafío presidencial
significaría un cambio al formato del informe presidencial, el cual involucra
cambios constitucionales, para lo cual simplemente ya no hay tiempo.
Segundo, porque si se hiciera simplemente una
modificación al reglamento interno del Congreso para incluir en el formato un
debate entre el Presidente y los legisladores, necesariamente tendría que
escucharse en la sesión de Congreso General un mensaje del Ejecutivo, con lo
cual habría roto el cerco político que impidió a Fox leer su último informe.
Como sea, el Presidente ha tomado la iniciativa. Es
posible que, como algunos sostienen, se trate de una táctica meramente
mediática, pero el hecho es que el Congreso ha sido arrinconado.
Si rechaza el debate entre legisladores y el
Ejecutivo, el costo político será muy alto para el Congreso.
Si lo acepta, habrá dado al Presidente un triunfo,
pues habrá forzado al Congreso a que la ceremonia del informe se celebre bajo
sus condiciones.
El problema central es que el Presidente Calderón,
nuevamente por circunstancias meramente coyunturales, ha dado un paso mediante
el cual le facilita el camino a tantos que proponen que el régimen presidencial
se cambie por uno parlamentario.
Han caído el PAN y los hombres del Presidente en su
propia trampa.
Primero, porque el país, culturalmente no está
preparado para la eventual inestabilidad inherente a un régimen parlamentario.
¿Qué pasaría, por ejemplo, si se tuviera y hubiera un
voto de no confianza en el Parlamento y cayera el gobierno? ¿Quién mantendría
funcionando la administración pública, cuando por culpa del gobierno
calderonista no se ha consolidado el servicio civil de carrera?
¿De verdad están dispuestos el PAN y los hombres del
Presidente a cambiar la relación entre Ejecutivo y Legislativo y facilitar la
gradual disolución de la división constitucional de poderes?
Todos dicen que las reglas ya no funcionan. ¿Son las
reglas las que no funcionan o los hombres de la política quienes no las
cumplen?
Hay que tener cuidado de que, por conveniencias
circunstanciales, se empiece a llevar a la Nación por la senda de las aventuras
constitucionales y políticas que sólo debilitarían a la frágil democracia
mexicana.
Pero, lamentablemente, eso no importa, importa el aquí
y el ahora.
Quizá por eso el país no avanza con la celeridad que
exigen sus graves problemas.