Con el Café 12/Ago/07
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

12 de Agosto de 2007

Número 157

 

LA SENDA DE LA AVENTURA

Cuando el Presidente Felipe Calderón hizo el anuncio de estar dispuesto a dialogar y hasta a debatir con los senadores y diputados en la ceremonia del uno de septiembre, realizó una maniobra agresiva que, por ahora, ha colocado en una situación cuando menos incómoda al Congreso, sobre todo a los partidos de oposición.

Quizá, en el fondo, el Presidente Calderón supo siempre que la oposición no atinaría a responder al desafío.

Primero, porque aceptar el desafío presidencial significaría un cambio al formato del informe presidencial, el cual involucra cambios constitucionales, para lo cual simplemente ya no hay tiempo.

Segundo, porque si se hiciera simplemente una modificación al reglamento interno del Congreso para incluir en el formato un debate entre el Presidente y los legisladores, necesariamente tendría que escucharse en la sesión de Congreso General un mensaje del Ejecutivo, con lo cual habría roto el cerco político que impidió a Fox leer su último informe.

Como sea, el Presidente ha tomado la iniciativa. Es posible que, como algunos sostienen, se trate de una táctica meramente mediática, pero el hecho es que el Congreso ha sido arrinconado.

Si rechaza el debate entre legisladores y el Ejecutivo, el costo político será muy alto para el Congreso.

Si lo acepta, habrá dado al Presidente un triunfo, pues habrá forzado al Congreso a que la ceremonia del informe se celebre bajo sus condiciones.

El problema central es que el Presidente Calderón, nuevamente por circunstancias meramente coyunturales, ha dado un paso mediante el cual le facilita el camino a tantos que proponen que el régimen presidencial se cambie por uno parlamentario.

Han caído el PAN y los hombres del Presidente en su propia trampa.

Primero, porque el país, culturalmente no está preparado para la eventual inestabilidad inherente a un régimen parlamentario.

¿Qué pasaría, por ejemplo, si se tuviera y hubiera un voto de no confianza en el Parlamento y cayera el gobierno? ¿Quién mantendría funcionando la administración pública, cuando por culpa del gobierno calderonista no se ha consolidado el servicio civil de carrera?

¿De verdad están dispuestos el PAN y los hombres del Presidente a cambiar la relación entre Ejecutivo y Legislativo y facilitar la gradual disolución de la división constitucional de poderes?

Todos dicen que las reglas ya no funcionan. ¿Son las reglas las que no funcionan o los hombres de la política quienes no las cumplen?

Hay que tener cuidado de que, por conveniencias circunstanciales, se empiece a llevar a la Nación por la senda de las aventuras constitucionales y políticas que sólo debilitarían a la frágil democracia mexicana.

Pero, lamentablemente, eso no importa, importa el aquí y el ahora.

Quizá por eso el país no avanza con la celeridad que exigen sus graves problemas.

 

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