La semana pasada se advirtió en este espacio que el
escándalo provocado por el chino nacionalizado mexicano Zhenli Ye Gon no se
disiparía, por el contrario, se enconaría.
No sólo se ha enconado, sino que a él se han sumado
los atentados contra ductos de Pemex, asunto que se ha visto igualmente
enredado por la crispación política.
En ambos casos se percibe una cierta incapacidad para
manejo de crisis. Nos explicamos.
El equipo del Presidente Calderón mostró una
excepcional capacidad para manejar los contratiempos de la campaña; pero es muy
distinto el manejo de crisis en una campaña, donde son las declaraciones las
que predominan, al manejo de crisis desde el Estado, donde las declaraciones
tienen que corresponder con acciones adecuadas y obedecer a una estrategia
diseñada para preservar la imagen del Estado.
El caso del popularmente ya conocido como “el
chinogate” y la difusión de rumores, desinformación, no han sido eficazmente
contrarrestados por una razón muy simple: el caso ha sido tomado como un agravio
al Presidente Calderón y a su equipo, no como un desafío jurídicamente endeble,
pero mediáticamente fortalecido contra el gobierno de México.
Por eso “El Padrino” de Mario Puzo es una lección
empírica de política con aquello “no es personal, es asunto de negocios”.
Está a tiempo aún el gobierno del Presidente Calderón
de que “el chinogate” sea un asunto de negocios del Estado mexicano, no un
asunto personal.
Aunque los atentados del EPR contra los ductos de
Pemex son otro asunto, distinto, paradójicamente hay un hilo conductor: la
incapacidad para reorganizar el aparato de inteligencia del Estado, de
coordinar a sus distintos organismos, cuya finalidad fue tan irresponsablemente
distorsionada por el ex secretario de Gobernación Santiago Creel, durante la dislocada
presidencia de Vicente Fox.
En primer lugar, el EPR actúa de nuevo porque sus
filas recibieron nuevos reclutas después del conflicto de Oaxaca. En segundo,
porque allá abajo siguen cultivándose el rencor y el resentimiento.
Ante eso, el gobierno calderonista vive las
consecuencias de la visión economicista de la gestión del Estado con que llegó
el panismo al poder desde 2000. Y los prejuicios ideológicos y partidistas que
les han llevado a mostrar poca o nula eficacia para procesar los conflictos políticos
y sociales, los cuales tienen que ser confrontados con acciones de gobierno y
negociaciones inteligentes, no sólo desde la perspectiva económica y
financiera.
Luego, tristemente, la disputa por las parcelas
burocráticas, las mezquinas ambiciones de poder burocrático han llevado a una
patética descoordinación de los organismos de inteligencia.
Esos organismos de inteligencia son quienes recaban en
el campo la información, la cual tiene que ser procesada y analizada para tener
evaluaciones que permita el Estado la posibilidad de tomar decisiones
adecuadas.
Pero en tanto no se privilegian los recursos humanos,
paradójicamente se canibalizan los recursos tecnológicos.
Hace falta una coordinación única de los servicios de
inteligencia, para aprovecharlos al máximo.
Pero mientras el Presidente Calderón no ponga fin a
las rencillas burocráticas y los obligue a coordinarse con un mando central en
Los Pinos, seguirán desperdiciándose esfuerzos y dinero.
Quizá esta crisis convenza a los hombres de Los Pinos
que la función constitucional de estar a la cabeza del Estado significa atender
a un tablero de ajedrez, un tablero en el cual las circunstancias cambian
repentinamente y hay que estar preparados para actuar en consecuencia.