La semana que termina ha sido políticamente agitada.
El caso de Zhenli Ye Gon, el chino nacionalizado
mexicano presuntamente involucrado en el suministro ilegal de materias primas
para la fabricación de metanfetaminas, ha evidenciado algunas de las debilidades
en el combate al tráfico de drogas.
Conviene aclarar que México es el principal productor
mundial de mentanfetaminas, pastillas tóxicas cuyo consumo ya supera al de
cocaína y heroína.
Es en ese escenario que a principios de la semana
estalla el escándalo y se inicia una serie de declaraciones, contradicciones,
especulaciones y, por supuesto, la niebla de la desinformación política hace
cada vez más difícil entender el caso.
Para empezar, ha quedado el descubierto la improvisada
e ineficaz estrategia de comunicación del gobierno del Presidente Calderón. No
se dieron tiempo para analizar el caso y están metidos en lo que puede ser un
escándalo, avivado, claro, por el encono político.
Ha quedado al descubierto también el alto nivel de
corrupción de los organismos encargados de combatir el tráfico de drogas, así
como la ineficacia, intencionada o no, de muchas averiguaciones integradas por
las autoridades de procuración de justicia.
Se ha conocido también la terquedad de ciertas
autoridades judiciales, cuyos fallos suelen favorecer a los narcotraficantes.
Sólo en el caso que nos ocupa están las decisiones de negar cateos en otros
domicilios de Zhenli Ye Gon y la liberación de los destinatarios del cargamento
de seudoefedrina confiscado en Lázaro Cárdenas.
Igualmente, la actuación de las autoridades
norteamericanas es, cuando menos, curiosa. La DEA proclamó, cuando se
confiscaron los 205 millones de dólares, que ellos habían proporcionado la
información que condujo a la confiscación. Eso significa que sabían de
actividades ilegales de Ye Gon; pero se pasea impunemente en Estados Unidos,
sin que las autoridades cumplan con la petición de detención enviada a través
de Interpol.
Se ha descubierto también que falta una coordinación
entre las autoridades que combaten el narcotráfico.
El escándalo, por supuesto, lo atizan los partidos de
oposición, con declaraciones imprudentes, ligeras, desmesuradas, reproducidas
todas por los medios de comunicación, que han encontrado en el caso una veta
que puede durar muchas semanas.
Es un hecho que el equipo de Los Pinos ha realizado
operaciones y maniobras políticas exitosas; pero en este caso fueron
sorprendidos.
Y a una semana de estallar el escándalo aún están
aturdidos.
Cuando el escándalo se disipe, se averiguarán las
dimensiones del daño inflingido al gobierno de Felipe Calderón.
Bienvenidos a las ligas mayores, donde no se pide
cuartel, ni se da cuartel.