La semana que termina está marcada por un aparente
cambio de matiz en la estrategia del Presidente Felipe Calderón para impulsar
la Reforma Fiscal.
De alguna manera, el gobierno calderonista parece
buscar las coincidencias con el PRD en la propuesta fiscal, según lo declaró el
Presidente Calderón.
Eso significaría, claro, un giro en la estrategia
política seguida hasta ahora, una estrategia que ha buscado una alianza con el
PRI para impulsar los cambios.
Podría ser un intento solapado para debilitar al Frente
Amplio Progresista, para así impedir la radicalización del PRD, radicalización
que ya ha sido planteada.
También podría tratarse de reducirle el margen de
maniobra al PRI, partido que ha empezado a encarecer su apoyo a las propuestas
presidenciales.
De alguna manera el Presidente Calderón camina por
terreno difícil, lleno de riesgos, pero por ahora parece buscar colocarse en
una posición tal que le permita, en ciertos casos, buscar el apoyo del PRI, y
en otros, el apoyo del PRD.
El hecho es que la reforma fiscal se ha convertido en
algo urgente, porque la cancelación de la reforma migratoria en el Congreso de
Estados Unidos, la dura campaña antimigrante en la política norteamericana,
endurecerá sin duda las medidas contra el cruce de indocumentados y México
corre el riesgo de que socialmente el país no se despresurice, como hasta
ahora, con la emigración de mexicanos.
Para el Presidente Calderón la reforma es el cimiento
sexenal, pero todavía está por verse el éxito de su política ambivalente hacia
los partidos de oposición.
REEDICIÓN
La otra situación a observar es la confrontación entre
el gobierno del Distrito Federal y el Gobierno Federal.
Si no se contienen los respectivos temperamentos de
los titulares, la confrontación podría enconarse y convertirse en una reedición
del pleito que casi durante todo el sexenio tuvieron Vicente Fox y Andrés
Manuel López Obrador.
Este pleito, en momentos en que está el PRD en etapa
de definiciones, puede contribuir a fortalecer a López Obrador, quien podrá
señalar que, como en el pasado, ahora se intenta acorralar al gobierno de la
ciudad de México.
Quien más gana con esta confrontación es López
Obrador.
Y quien puede tiene más que perder es el gobierno de
Felipe Calderón.
ANIVERSARIO
Hoy, al cumplirse un año de la elección presidencial
de 2006, quizá sea el momento de ver dónde está cada uno de los actores.
La imagen de Felipe Calderón se ha fortalecido, pero
enfrenta la percepción de que la situación económica no mejora, situación que
se complica por el perjudicial subjercicio del presupuesto aprobado el año
pasado por el Congreso.
Políticamente la situación aún es delicada. La opinión
pública le favorece, -70% de aceptación-, pero nada más voluble que la opinión
pública, sobre todo cuando del bolsillo se trata.
López Obrador, en cambio, mantiene su intransigencia.
Hoy intentará reforzar su dominio sobre el PRD, aprovechando que el partido no
tiene a nadie con el carisma del ex candidato presidencial.
No vacilará en aprovechar cualquier error del gobierno
calderonista, pues hasta hoy la apuesta sigue siendo a la confrontación y la
movilización.
Roberto Madrazo se ha difuminado y ha dejado al PRI en
una grave crisis existencial. Tienen la mayoría de los gobernadores y aún
tienen presencia relevante en el Congreso, pero no han conseguido controlar las
ambiciones personales y tienen dificultades para convencer a los electores de
que el partido se renueva.
Le apuesta a la reforma electoral, a la reforma del
Estado, como vías para encontrar nuevas rutas hacia el poder.