A la hora de escribir esta “crónica” no se sabe quién
ganó la gubernatura de Yucatán.
De cualquier manera, cualquiera que haya sido el
resultado, el Presidente Felipe Calderón hará bien en mantener frenados los
ímpetus de muchos de sus colaboradores.
Al final de cuentas, cualquiera que sea el resultado,
el Presidente Calderón tiene la oportunidad de demostrar que cumple su palabra,
la palabra empeñada en la reunión con los priístas, a quienes ofreció no
intervenir en el proceso.
No importa que la resolución final de la elección vaya
a tener que emitirla el Tribunal Federal Electoral, lo importante es que exista
la percepción del cumplimiento de la palabra. En este contexto político tan
revuelto, es lo único que puede sacar avante muchos acuerdos: el cumplimiento
de la palabra empeñada.
En la semana que empieza, por otra parte, inician las
deliberaciones de la Suprema Corte de Justicia para fallar sobre la
constitucionalidad o inconstitucionalidad de la ley de medios o de algunos de
sus artículos.
No nos distraigamos con la retórica. En este tema se
confrontan fuerzas económicas y políticas muy poderosas.
Una petición respetuosa a los cibernéticos lectores de
este espacio: no se crean de las buenas intenciones de las partes que pelean
por la ley de medios. En esta película no hay héroes, lo que hay son grupos
políticos y empresariales enfrentados en una disputa por la radio y la
televisión.
Si, como se afirma, el gobierno del Presidente
Calderón empieza a tomar partido en esa disputa, el resultado podría ser el
clásico: peor el remedio que la enfermedad, porque se corre el riesgo de que se
creen reglas muy estrictas que al final de cuentas tendrán como resultado un
retorno al control de los medios por parte del gobierno.
Mientras, el Presidente Calderón se prepara a hacer
una revisión rigurosa de los operativos contra el narcotráfico.
En este espacio se reitera que manejarlos con una
supuesta coordinación ha propiciado una serie de confusiones que facilitan las
coartadas para quienes, por razones ideológicas o mezquindad política, desean
el fracaso de la lucha contra el crimen organizado.
La violencia tiene su origen en la reacción por el
trastrocamiento de rutas de distribución y de consumo. Y no todo el crimen
organizado es narcotráfico, pues existen mafias igualmente poderosas de tráfico
de personas, de narcotráfico, de tráfico con vehículos robados y de piratería.
El círculo rojo ha creado un clima de negación. Y no
quieren reconocer que la sociedad, como se ha dicho en este espacio, está
envenenada por el crimen organizado.
Y se niega la realidad porque no existe el ánimo para
pagar los costos de someter a las mafias a la autoridad del Estado.
No hay menos conflicto en el PAN, donde el presidente
del CEN Manuel Espino Barrientos intenta cambiar los estatutos y transformar
toda la filosofía de democracia interna del partido.
Quiere candidatos externos, como si la incursión
empresarial en puestos públicos no hubiera dejado un sabor tan amargo. Y quiere
alterar las normas para elegir candidatos: que vote toda la población, no sólo
los panistas.
No es sino una intentona de desbordar por la izquierda
al Presidente Calderón en la lucha interna que culminará el próximo junio,
cuando se celebre la Asamblea Nacional que elegirá a los consejeros que
inclinará la balanza de poder en el PAN para Espino y sus aliados o para el
Presidente Calderón.
Como si faltaran problemas, el Poder Judicial Federal
tiene en sus manos los amparos contra la ley del ISSSTE.
Con el solapado impulso de López Obrador, con los
dineros de sindicatos ricos y con dinero de los partidos de oposición, la
oposición a la ley del ISSSTE puede crecer y convertirse en un asunto de orden
público, porque las manifestaciones pueden volverse violentas.
Apenas un atisbo de lo que viene, un atisbo de que,
acorde a la maldición china, viviremos tiempos interesantes y peligrosos.