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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

6 de Mayo de 2007

Número 147

 

MUCHOS FIERROS EN LA LUMBRE

Ha sido una semana de agitación para el gobierno del Presidente Felipe Calderón. Una semana seguramente esclarecedora para muchos de sus colaboradores, quienes de pronto se dan cuenta que están a punto de cumplir medio año en el gobierno y aún no se terminan de concretar muchos de los proyectos.

En el campo político, es el Presidente Calderón quien dirige las acciones, porque se requiere de una delicada operación que le permita lograr alianzas, aunque sean coyunturales, pero que le ayuden a hacer avanzar sus iniciativas legislativas.

Esa alianza sólo es posible con el PRI porque, después de la reunión perredista de esta semana, fue evidente que, aunque ya tiene López Obrador resistencia en el PRD, todavía el partido sigue atrapado en las redes de su ex candidato presidencial. Nadie se atreve a enfrentarlo.

Mas esa alianza con el PRI de alguna manera compromete al Presidente a ser, cuando menos, mucho más discreto en el apoyo a los candidatos en las elecciones locales de este año. Eso le acarreará el disgusto de algunos panistas, pero es un precio que el Presidente parece dispuesto a pagar.

Después de todo, a juzgar por lo conseguido hasta ahora, la operación dirigida desde Los Pinos para darle al Presidente la mayoría en el Consejo Nacional del PAN le permitirá a Felipe Calderón una relación más cómoda con su partido.

Hay quienes ven con escepticismo el enfrentamiento con Vicente Fox y Manuel Espino. Esos escépticos alegan que Fox y Espino le hacen el trabajo sucio al Presidente Calderón en materia de política exterior. Sólo el tiempo permitirá comprobarlo.

Como sea, real o no, el manejo mediático del asunto le ha permitido al Presidente Calderón socavar aún más las imágenes de Fox y Espino. Lo cual en sí constituye una enorme ventaja.

Tiene mucho otros pendientes el Presidente, muchos fierros en la lumbre.

Está la lucha contra el narco, una batalla que tiene que ser a largo plazo, pero que a juzgar por las reacciones de sectores importantes de opinión, las élites políticas y sociales de México no poseen la firmeza de carácter para una batalla de largo plazo. Ni siquiera una batalla para defender al Estado.

Es una realidad la necesidad de revisar los planes para el combate al narco, porque si bien mediáticamente el Presidente mantiene el respaldo de la mayoría de los ciudadanos, también es cierto que quienes le apuestan al fracaso del régimen calderonista seguirán socavando la lucha antinarco.

Y en estos tiempos revueltos será difícil precisar si el origen de esa oposición tenaz es solamente ideológico.

También es cierto que el equipo presidencial ha descubierto que el tema de la lucha antinarco no puede ser sólo una batalla a favor de la imagen presidencial. La reacción de las bandas criminales les ha demostrado que la batalla es más importante. Y quizá sólo el Presidente Calderón lo ha entendido, pues en esta semana que termina ya aclaró que es posible que la lucha deba mantenerse todo el sexenio.

Difícil tarea, cuando hay tantos enemigos infiltrados en la sociedad.

Y quedan muchos pendientes. No se ha iniciado la ya presupuestada inversión en infraestructura, la cual se supone detonaría de alguna manera la economía.

Y está el nuevo escándalo de Pemex, manejado mediáticamente por los colaboradores más cercanos del Presidente, pero cuya finalidad parece ser debilitar a uno de los sindicatos más poderosos y ricos, al sindicato petrolero. Quizá en su agenda no han calculado que aún no está tan fuerte el régimen calderonista como para emprender batallas contra el sindicalismo, por más que escuchen las voces desde las torres de marfil de la academia para que le pongan fin al “corporativismo”.

Como dato final, estimado lector cibernético, vea usted con sospecha todas esas apasionadas defensas de “la pluralidad y lucha antimonopólica” de quienes le exigen a la Suprema Corte de Justicia declare la inconstitucionalidad de la mal llamada “ley Televisa”.

Es posible, como dicen tantos e ilustrados personajes, que México padezca a un duopolio televisivo, pero también lo es que en esa batalla por la opinión pública que se ha entablado en los medios, están los intereses de muchos empresarios de medios de comunicación interesados en crear sus propios y poderosos consorcios de radio y televisión.

Con mayor sospecha hay que ver esa aparentemente “heroica” lucha contra los monopolios radiofónicos y televisivos, porque su finalidad es debilitar a los consorcios mexicanos de radio y televisión, para dejarlos vulnerables ante los más poderosos consorcios multinacionales.

Esa “batalla contra los monopolios” sirve a los intereses extranjeros, particularmente norteamericanos que quieren apoderarse de la radio y la televisión mexicanas.

Es una batalla falsa, porque la tendencia mundial es a la concentración de medios, en grandes consorcios que agrupan medios escritos y electrónicos.

Y pulverizar las concesiones de radio y televisión mexicanas dejaría a los concesionarios indefensos ante los consorcios multinacionales que ya controlan la información mundial.

 

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