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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

22 de Abril de 2007

Número 145

 

En la semana que termina -o que empieza, según se vea-, además del debate por la iniciativa de despenalización del aborto, cuya aprobación es un hecho consumado en una batalla mediática y propagandística que ganaron el PRD y sus aliados de la izquierda, hay dos hechos que sobresalen:

1.- ¿Cómo ha avanzado la lucha anticrimen del gobierno calderonista?

2.- El forcejeo obligado por la resistencia de un foxismo arrinconado, pero aún con posiciones clave en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN.

LA LUCHA ANTICRIMEN

Es innegable que el Presidente Calderón tenía que emprender la lucha contra el crimen organizado, aunque no sólo -como pensaron algunos de sus asesores más cercanos-, como parte de una agenda temática para fortalecer la imagen presidencial.

La realidad ha demostrado el error de los asesores presidenciales. La lucha contra el crimen organizado es más trascendente. Al emprender los primeros operativos han descubierto la amplitud de las operaciones del crimen organizado y su penetración en varios organismos del Estado, tanto locales como federales.

La lucha es a largo plazo, ha reconocido el Presidente Calderón. Y la pregunta hecha en este espacio es si la sociedad está preparada para una batalla de largo plazo.

Esa pregunta sigue vigente.

Por momentos pareciera dominar a los más diversos grupos sociales, económicos y políticos una inconveniente impaciencia. Una muestra sería esa desesperada propuesta para legalizar las drogas, como medida para combatir su producción, distribución y consumo.

Es una medida aplicada en Holanda, donde, preocupados por el fracaso de su programa de legal consumo de drogas, están en vías de reconsiderarlo.

Como sea, ni en los partidos políticos, ni en los sectores empresariales, menos entre las bíblicamente multiplicadas ONG parece haber consenso para respaldar ampliamente al gobierno de Calderón en su lucha anticrimen organizado. Cada uno por sus propias y egoístas razones ha expresado sus objeciones.

En esas circunstancias, los operativos del gobierno de Calderón van a seguir, pero poco a poco la estrategia diseñada desde diciembre parece desgastarse peligrosamente.

Y ante el confuso y poco sólido respaldo social, quizá el gobierno calderonista debería aplicar la vieja fórmula: dejar que las cosas empeoren, hasta que la sociedad toda, angustiada, acepte las fórmulas más radicales para combatir al crimen.

PANISMO

Errático, como su prócer, el foxismo enquistado en el PAN no acierta a definir su posición ante el gobierno del Presidente Calderón.

La irreprochable trayectoria panista del Presidente de la República los coloca en desventaja.

Poco a poco se deja sentir la fuerza presidencial sobre el panismo. Aunque sea para recordarles que Calderón está dispuesto a recuperar para la Presidencia la capacidad de premiar y castigar.

En esas condiciones, al foxismo le cuesta trabajo mantener un frente unido.

Seguirán intentando competir con el Presidente Calderón; pero antes de un año tendrán que arriar banderas.

 

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