En la semana que termina -o que empieza, según se
vea-, además del debate por la iniciativa de despenalización del aborto, cuya
aprobación es un hecho consumado en una batalla mediática y propagandística que
ganaron el PRD y sus aliados de la izquierda, hay dos hechos que sobresalen:
1.- ¿Cómo ha avanzado la lucha anticrimen del gobierno
calderonista?
2.- El forcejeo obligado por la resistencia de un
foxismo arrinconado, pero aún con posiciones clave en el Comité Ejecutivo
Nacional del PAN.
LA
LUCHA ANTICRIMEN
Es innegable que el Presidente Calderón tenía que
emprender la lucha contra el crimen organizado, aunque no sólo -como pensaron
algunos de sus asesores más cercanos-, como parte de una agenda temática para
fortalecer la imagen presidencial.
La realidad ha demostrado el error de los asesores
presidenciales. La lucha contra el crimen organizado es más trascendente. Al
emprender los primeros operativos han descubierto la amplitud de las
operaciones del crimen organizado y su penetración en varios organismos del
Estado, tanto locales como federales.
La lucha es a largo plazo, ha reconocido el Presidente
Calderón. Y la pregunta hecha en este espacio es si la sociedad está preparada
para una batalla de largo plazo.
Esa pregunta sigue vigente.
Por momentos pareciera dominar a los más diversos
grupos sociales, económicos y políticos una inconveniente impaciencia. Una
muestra sería esa desesperada propuesta para legalizar las drogas, como medida
para combatir su producción, distribución y consumo.
Es una medida aplicada en Holanda, donde, preocupados
por el fracaso de su programa de legal consumo de drogas, están en vías de
reconsiderarlo.
Como sea, ni en los partidos políticos, ni en los
sectores empresariales, menos entre las bíblicamente multiplicadas ONG parece
haber consenso para respaldar ampliamente al gobierno de Calderón en su lucha
anticrimen organizado. Cada uno por sus propias y egoístas razones ha expresado
sus objeciones.
En esas circunstancias, los operativos del gobierno de
Calderón van a seguir, pero poco a poco la estrategia diseñada desde diciembre
parece desgastarse peligrosamente.
Y ante el confuso y poco sólido respaldo social, quizá
el gobierno calderonista debería aplicar la vieja fórmula: dejar que las cosas
empeoren, hasta que la sociedad toda, angustiada, acepte las fórmulas más
radicales para combatir al crimen.
PANISMO
Errático, como su prócer, el foxismo enquistado en el
PAN no acierta a definir su posición ante el gobierno del Presidente Calderón.
La irreprochable trayectoria panista del Presidente de
la República los coloca en desventaja.
Poco a poco se deja sentir la fuerza presidencial
sobre el panismo. Aunque sea para recordarles que Calderón está dispuesto a
recuperar para la Presidencia la capacidad de premiar y castigar.
En esas condiciones, al foxismo le cuesta trabajo
mantener un frente unido.
Seguirán intentando competir con el Presidente
Calderón; pero antes de un año tendrán que arriar banderas.