En la entrega cibernética de la semana pasada opinamos
que, con la dinámica de la estrategia mediática de los 100 días, el Presidente
Felipe Calderón corrió el riesgo de ser percibido como su antecesor.
Pero también advertimos que dicha estrategia había valido
la pena, porque le permitió dejar anclada en la opinión pública la convicción
de que él, Calderón, es el Presidente Constitucional de México.
Salvo una decreciente minoría, ya nadie cuestiona la
legalidad y legitimidad del Presidente Calderón.
Una cosa son las confrontaciones políticas, naturales
en un régimen como el que tenemos, y otra caer en la irresponsabilidad de
confrontaciones polarizantes que tanto desgastan a las autoridades.
Ahora, como se dijo la semana pasada, el gobierno de
Calderón ha pasado a la etapa del hacer y el quehacer de gobernar.
La iniciativa que cambia radicalmente el sistema de
pensiones del ISSSTE es una acción política, no administrativa.
Es la primera batalla que tendrá el gobierno del
Presidente Calderón en el Congreso.
Es políticamente importante porque involucra a muchas
organizaciones sindicales, no sólo a las más visibles como el SNTE y la FSTSE.
Están involucradas las pensiones de muchas universidades y muchas entidades
estatales y paraestatales.
Es políticamente importante porque, al menos hasta
ahora, se percibe que en el lanzamiento de la iniciativa un trabajo previo de
negociación y convencimiento.
Y es políticamente importante porque, para el sector
de la oposición que encabeza Andrés Manuel López Obrador, se abre la
oportunidad de emprender una ofensiva que consiga revivir la polarización que
durante más de un año dividió a la sociedad mexicana.
En el Congreso, hasta ahora, tal parece que se ha
conseguido formar un frente a favor de esa reforma del ISSSTE.
Más no será una batalla fácil, porque el Presidente
Calderón tiene como aliados en dicha batalla al priísmo, donde todavía algunos
padecen crisis existencial.
Y menos fácil cuando entre muchos de los colaboradores
del Presidente Calderón hay tantos prejuicios partidistas, hay colaboradores
que desprecian al priísmo.
Y, sobre todo, los colaboradores del Presidente
Calderón tienen que aprender, como lo hicieron los priístas durante muchos
años, a lidiar con la prensa, sea escrita o electrónica, porque muchos de ellos
tienen un congénito desapego, cuando no claro desprecio hacia los periodistas.
Para su desgracia, todas las batallas políticas del
sexenio serán dadas en el campo de los medios, desde donde se puede incidir en
la opinión pública.