Mucho se ha comentado en estos días sobre los primeros
cien días del gobierno del Presidente Felipe Calderón. En pro y en contra.
En este espacio se ha opinado que fue un error
magnificar el cumplimiento de esos primeros 100 días e igual número de acciones
de gobierno. Porque cualquier gobernante debe evitar ser rehén de las promesas
de campaña, las cuales en la práctica son eso: promesas y buenas intenciones.
Pero, si se es generoso con el actual gobierno, se
tiene que aceptar que posiblemente era una necesidad política.
La toma de posesión del uno de diciembre, en medio de
una tormenta política, unida al cuestionamiento a su legitimidad y la oposición
intransigente de los grupos reacios a reconocer haber perdido la elección,
crearon la percepción inicial de que el Presidente Calderón era un Presidente
débil.
Se explica quizá por ello la intensa campaña mediática
de los primeros cien días, sobre todo las constantes girar por toda la
República. Así se llevó el mensaje de que el único Presidente Constitucional de
México es Felipe Calderón.
No obstante, salvo grupos intransigentes a quienes hay
que dejar por imposibles, ya la mayoría de la población sabe y reconoce a
Felipe Calderón como el Presidente.
Así pues, cumplió su finalidad la campaña mediática
tan intensa promovida desde Los Pinos.
Mas ahora ha llegado la hora de intentar poner en
marcha al gobierno y al país.
Parece que el Presidente Calderón así lo ha entendido,
pues en su discurso en Chiapas, durante la gira con la cual culminaron los
primeros cien días, explicó que los programas anunciados son el punto de
partida.
El equipo de Los Pinos tiene que reconocer que la
Presidencia de Calderón arranca con pocas expectativas. En cristiano, lo que
venga es ganancia. Luego, hay que resistir la tentación de construir a partir
de los slogans o estribillos un país
que no es. No se trata sólo de privilegiar la figura del Presidente de la
República, sino también de revalorar la política y tomar decisiones que palien
los graves problemas que aún enfrenta la República.
En los siguientes meses estará a prueba la capacidad
del equipo de Los Pinos, de los hombres del Presidente Calderón, para manejar
los asuntos públicos con realismo, con el pragmatismo indispensable para
enterrar los prejuicios partidistas.
Se lo dijo Ernesto Zedillo a los obispos mexicanos: “…
En Los Pinos sólo se puede operar en medio de la realidad, no hay margen para
más…”
Explicable que los primeros cien días hayan sido
empleados para tomar a plenitud las riendas del gobierno, de un gobierno más complejo
de lo que suponen muchos especialistas en asuntos públicos y políticos.
El equipo de Los Pinos tiene que olvidar muchas de sus
ambiciones personales, y entender que la operación política la ha asumido
Felipe Calderón. Y que ellos, igual que el gabinete, son el respaldo técnico
que necesita el Presidente. Nada más, pero nada menos.
Si lo entienden, algo ocurrirá en la realidad.
Si no, los alcanzará el futuro antes de lo que creen.