Ha sido una semana plagada de declaraciones sobre
todos los temas imaginables de la agenda nacional.
Los hechos duros muestran, sin embargo, que detrás de
todas las declaraciones hay aún un cierto desconcierto acerca de los cómo del
quehacer político y gubernamental, y hasta de cuál será el comportamiento de
los grupos económicos.
Es evidente que existe una crisis en los partidos
políticos, lo cual impide que se pueda llegar a acuerdos.
Hay crisis existenciales y forcejeos por el poder en
el seno de los tres principales partidos.
Esta semana, está más que claro, la crisis existencial
está en el Partido Revolucionario Institucional, donde se han tenido que
conformar con una ligera reforma, porque persisten en su seno fuerzas reacias
al cambio que le impiden asumirse, por primera vez en siete años, como
auténtico partido de oposición.
Si la señora Beatriz Paredes no atiende esa crisis
existencial, le será difícil conducir al partido a buen puerto en las
elecciones de 2009.
En el PAN los grupos que lo conforman tienen que
luchar contra las ataduras mentales que fueron forjadas durante medio siglo de
batallar. Durante ese lapso los panistas fueron convencidos de su lucha no era
meramente por ganar el poder, sino por la educación cívica y política de los
ciudadanos. Desde hace quince años en el seno del PAN hay una fuerte corriente,
fortalecida durante el sexenio de Vicente Fox, dedicada a la lucha por el
poder. Y choca con la tradicional visión misionera de la política, primero,
para después enredarse en sus propios prejuicios contra el viejo régimen.
De cómo resuelva el panismo esas confrontaciones
internas dependerá su futuro.
En el PRD no es menor el conflicto.
Es innegable que los perredistas más lúcidos están
convencidos de que no pueden aislarse del ejercicio del poder que significa
actuar en el escenario político como partido político de oposición, pero de una
oposición dispuesta a negociar para hacer avanzar su proyecto, a ala vez que
junto con el gobierno atiende los grandes problemas nacionales.
No obstante, esa tendencia enfrenta la intransigencia
de su ex candidato presidencial López Obrador, quien ha iniciado la
construcción de un movimiento en el cual su personalidad carismática es el eje
y el epicentro. Dicha intransigencia es el gran obstáculo para que el PRD se
consolide cómo un auténtico partido de izquierda y no una amalgama de
movimientos con tendencia a la dispersión, a los cuales sólo une la figura de
López Obrador.
LA
PRESIDENCIA
Como se dijo en este espacio cibernético, desde Los
Pinos se ha emprendido una agresiva campaña para operar sobre las percepciones
de la sociedad.
Esta no ha sido una semana en la cual haya permanecido
estático el gobierno de Felipe Calderón. Por el contrario, se anunciaron muchos
y diversos programas, que van desde el nuevo diseño carretero hasta convenios
para ajustar el acceso a los medicamentos.
Desde Los Pinos se opera para crear la percepción de
que el gobierno del Presidente Calderón hace mucho más que lo que se anuncia.
Es posible que desde la perspectiva de la comunicación
la estrategia sea eficaz, coyunturalmente, pero por ese camino corren el
peligro de recrear el comportamiento foxista, durante cuyo sexenio se operó
también sobre las percepciones con una avalancha de comunicaciones
presidenciales, las cuales terminaron por crear una brecha entre la realidad y
el mundo creado por dichas comunicaciones.
Recrear ese comportamiento no creará la diferencia
buscada entre el Presidente Calderón y su antecesor.
Y sí podría llevar a confrontaciones inconvenientes
con los adversarios, adversarios que por otra parte son necesarios para lograr
los cambios legislativos que requiere el Ejecutivo para realizar su tarea con
eficacia suficiente como para romper las inercias de la parálisis del gobierno
foxista.
Es imperativo romper con dicha parálisis, no sólo por
eficacia, sino necesidad política urgente, ya que el país no está en
posibilidades de aguantar otros seis años de omisiones e inacciones.