La semana estuvo muy agitada por la polémica desatada
por las revelaciones del gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, acerca de
una supuesta conversación con el Presidente Vicente Fox, en la cual el ex
mandatario le habría pedido “culpar” a Napoleón Gómez Urrutia del accidente en
la mina pasta de Conchos y le habría dicho que él -el gobernador- “no les caía
bien”, pretexto para negarle recursos federales.
A la polémica suscitada por ello se sumaron las
secuelas de la perversa declaración del ex presidente Fox en Washington y luego
el activismo del dirigente nacional del PAN Manuel Espino, quien camina por
caminos que cada vez más lo alejan de la política del gobierno de Felipe
Calderón, como si el PAN no fuera el partido en el poder.
Hace tiempo se dijo en este espacio que el primer
escollo político a salvar por el Presidente Calderón sería asumir el control de
su propio partido.
Se ha hecho algo, pero no lo suficiente.
Durante las primeras semanas de su campaña
presidencial, el Presidente Calderón y su equipo se empezaron a rezagar. A
media campaña hicieron un alto. Revisaron su estrategia y rectificaron.
Rectificaron lo suficiente para ganar la elección.
La semana pasada, en este espacio, se señalaron lo
que, a juicio nuestro, son inconsistencias de la comunicación política de Los
Pinos.
Sigue, empero, por la ruta de multiplicar eventos. Y
desgastar sin objetivos claros la figura del Presidente Calderón.
Algún antiguo Presidente de la República, por supuesto
del ancient régime, advirtió que la
palabra del Presidente de la República, por ser constitucionalmente la cabeza
del Ejecutivo, tiene en México un peso específico y repercusiones que no tiene
la palabra de ningún otro político.
En la multiplicación de eventos, el equipo de Los
Pinos hace que el Presidente Calderón hable todos los días.
Quizá habrían de reconsiderar, porque conforme habla
todos los días el Presidente Calderón, es imposible no hacer comparaciones con
su antecesor, cuya incontinencia verbal fue proverbial.
El Presidente Calderón, pensamos, quizá debiera hablar
sólo cuando tenga algo que decir.
Y dejarle tiempo para la difícil tarea que aún tiene
por realizar.
Aún tiene que poner en marcha la economía, conseguirla aprobación de las reformas posibles -no de las deseables, ojo-, sólo de lasposibles.