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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

25 de Febrero de 2007

Número 137

 

HABLAR O NO HABLAR

La semana estuvo muy agitada por la polémica desatada por las revelaciones del gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, acerca de una supuesta conversación con el Presidente Vicente Fox, en la cual el ex mandatario le habría pedido “culpar” a Napoleón Gómez Urrutia del accidente en la mina pasta de Conchos y le habría dicho que él -el gobernador- “no les caía bien”, pretexto para negarle recursos federales.

A la polémica suscitada por ello se sumaron las secuelas de la perversa declaración del ex presidente Fox en Washington y luego el activismo del dirigente nacional del PAN Manuel Espino, quien camina por caminos que cada vez más lo alejan de la política del gobierno de Felipe Calderón, como si el PAN no fuera el partido en el poder.

Hace tiempo se dijo en este espacio que el primer escollo político a salvar por el Presidente Calderón sería asumir el control de su propio partido.

Se ha hecho algo, pero no lo suficiente.

Durante las primeras semanas de su campaña presidencial, el Presidente Calderón y su equipo se empezaron a rezagar. A media campaña hicieron un alto. Revisaron su estrategia y rectificaron. Rectificaron lo suficiente para ganar la elección.

La semana pasada, en este espacio, se señalaron lo que, a juicio nuestro, son inconsistencias de la comunicación política de Los Pinos.

Sigue, empero, por la ruta de multiplicar eventos. Y desgastar sin objetivos claros la figura del Presidente Calderón.

Algún antiguo Presidente de la República, por supuesto del ancient régime, advirtió que la palabra del Presidente de la República, por ser constitucionalmente la cabeza del Ejecutivo, tiene en México un peso específico y repercusiones que no tiene la palabra de ningún otro político.

En la multiplicación de eventos, el equipo de Los Pinos hace que el Presidente Calderón hable todos los días.

Quizá habrían de reconsiderar, porque conforme habla todos los días el Presidente Calderón, es imposible no hacer comparaciones con su antecesor, cuya incontinencia verbal fue proverbial.

El Presidente Calderón, pensamos, quizá debiera hablar sólo cuando tenga algo que decir.

Y dejarle tiempo para la difícil tarea que aún tiene por realizar.

Aún tiene que poner en marcha la economía, conseguirla aprobación de las reformas posibles -no de las deseables, ojo-, sólo de lasposibles.

 

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