Se han cumplido 80 días desde que el Presidente Felipe
Calderón asumió la Presidencia de la República.
Durante ese lapso, el Presidente Calderón ha puesto en
marcha diversos programas de seguridad, de asistencia social, de salud y ha
adoptado algunas medidas para enfrentar eventos inesperados, como fue el
aumento del precio de la tortilla.
En asuntos de la política, el gobierno del Presidente
Calderón ha intentado conciliar con la oposición, en un esfuerzo por impulsar
su agenda legislativa en el Congreso.
Es, sin duda, prematuro evaluar los programas puestos
en marcha, porque aún no está claro que la mayoría sean los programas sexenales
o simples decisiones coyunturales.
Como sea, se percibe un cierto optimismo sobre la
marcha del gobierno, un optimismo que por ahora es volátil, sujeto a los
vaivenes políticos y a los desafíos de atender los problemas fundamentales de
la República: educación, pobreza y desigualdad.
Durante la precampaña por la candidatura, y durante la
campaña por la Presidencia, el equipo del Presidente Calderón y el propio
Presidente han mostrado una singular capacidad para corregir, cuando perciben
que se equivocan.
Quizá sea tiempo que se defina con claridad una
política de comunicación política.
Hasta ahora, el equipo del Presidente Calderón sigue
operando con la inercia de las campañas. Buscan crear percepciones, sin
importar si las percepciones creadas corresponden a las realidades sociales,
políticas y económicas.
Es un error, porque si bien en el sexenio de Fox la
incesante propaganda gubernamental se enfocó a generar percepciones, al final
de la jornada la realidad provocó desilusión.
Al centrarse sobre la creación de percepciones, sin
respaldo por acciones eficaces y eficientes, se crea un mundo irreal.
Ese tiempo de comunicación política es muy eficaz
durante las campañas, pero ya en el gobierno conduce a descuidar la tarea
sustantiva: la tarea de gobernar para modificar la realidad en la medida de lo
posible.
Y si, como ocurrió durante el sexenio de Fox, la
realidad no es modificada, repetimos, en la medida de lo posible, la tarea
gubernamental se distorsiona, porque busca sólo crear imágenes, no operar sobre
la realidad.
La acumulación de problemas, políticos, sociales y
económicos, muchos heredados, hace muy riesgosa la línea de comunicación
política del actual gobierno.
Se pueden generar tantas imágenes, que se puede perder
de vista la eventual acumulación de problemas sociales, políticos y económicos.
Una acumulación que puede equipararse a la de una olla
express, pero sin válvula que alivie la presión.