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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 4

28 de Enero de 2007

Número 133

 

BATALLA

Esta semana, cuando está cerca de cumplir sus primeros dos meses de gobierno, el Presidente Felipe Calderón dejó claro que sabe que la luna de miel ha terminado y, sobre todo, advirtió que no permitirá ser atrapado en la maraña de intereses económicos, políticos y sociales de los poderes fácticos.

Con el marcado interés de mantener la confrontación de Los Pinos con el PAN, se han emitido opiniones que sobredimensionan la real fuerza de quienes intentan desde Acción Nacional enfrentar al equipo gobernante.

Manuel Espino, quizá como dijo el Presidente Calderón, a causa del chip de oposición que aún mueve a un sector del panismo, intenta resistirse a aceptar que el PAN no puede ser autónomo, y menos su dirigente nacional coquetear con el ex presidente Fox, en un vano intento de contrarrestar lo que sabe es respaldo del panismo de base al Presidente.

Es una batalla que perderá Espino y quienes le acompañan en la aventura, porque el Presidente Calderón tiene a su favor dos factores:

Uno, el Presidente Calderón ha pasado casi toda su vida adulta en el PAN y sabe cómo opera, sabe dónde están los resortes del poder en el partido, Espino ha sido una oscura figura, de acompañamiento.

Dos, el Presidente Calderón ha dado señas de entender el ejercicio del poder presidencial. Y, pese a los cambios operados durante el pasado sexenio, el Presidente de la República conserva aún muchos de los poderes de sus antecesores, particularmente esa facultad de designar y remover a sus colaboradores, no sólo a los del primer nivel.

Las circunstancias favorecen al Presidente Calderón, siempre y cuando su operación política sea acompañada de una adecuada estrategia de comunicación. Deben tomar en cuenta la experiencia del pasado sexenio: la mercadotecnia no basta.

EL CONGRESO

A partir del próximo jueves empieza el período ordinario de sesiones del Congreso, y es de esperarse que el gobierno calderonista haya discernido entre el discurso y los reales objetivos de las fuerzas políticas representadas en el Congreso.

Una ojeada interesada a lo que ocurre en cada partido político, particularmente en los tres grandes partidos, podría marcar el rumbo que tomarán Calderón al dialogar y negociar con cada uno de ellos.

Enfrenta este Congreso el reto de conseguir algunos cambios en tres campos fundamentales: el económico, el político y el social.

En el ámbito económico, México está urgido de una reforma hacendaria, no importa cuan modesta sea, siempre y cuando consiga avanzar en el sentido de obtener más recursos para el gobierno.

Esa reforma hacendaria está íntimamente ligada con cambios en el sector energético. Si se analizan cuidadosamente los discursos de los partidos, es posible que se encuentren los puntos de coincidencia que impidan que las rencillas ideológicas conduzcan a una peligrosa parálisis en este terreno, porque sin la palanca que significa el petróleo, disminuyen peligrosamente las posibilidades de conseguir los tres grandes objetivos de reducir la pobreza, de impulsar el crecimiento y de mantener la estabilidad macroeconómica.

En el ámbito político, el gobierno de Calderón tendrá que fijarse objetivos viables, para evitar que cuajen algunas iniciativas de la oposición, las cuales intentan hacer cambios radicales en el marco institucional y constitucional de la República, cambios que se proponen con propósitos muy ajenos a la salud política y social del país.

Muchos de esos cambios no tienen otro objetivo que acotar el poder presidencial, y trasladar ese poder a los gobiernos de los Estados. Eso, dicen, es federalismo, pero en realidad es la atomización del poder político. Y se pretende acotar también al Poder Judicial, con propuestas que distorsionarían el rol de Corte Constitucional que tiene la Suprema Corte de Justicia.

Con esas propuestas tendrá que lidiar el Ejecutivo, negociar y dialogar. Y habrá de decidir cuánto ceder, porque al final de cuentas eso significa negociar: estar dispuesto a ceder.

Pero si el país desea seguir la ruta de la democracia, tendrán que ser bloqueadas todas las intentonas por rodear a la voluntad de los electores.

El Presidente Calderón debe tener claro que la mayoría de los electores tienen que ser convencidos para que acepten algunos de los cambios que se propone. Y que hay que ganar la voluntad de los ciudadanos.

Y los partidos, especialmente sus líderes en el Congreso, tienen que entender que es una perversión democrática intentar darle la vuelta a la voluntad de los electores. Es inmoral que intenten forzar la creación de presuntas mayorías, cuando durante las recientes cuatro elecciones federales los votantes han demostrado su firme voluntad de no darle la mayoría a nadie.

Como sea, a partir del uno de febrero empieza un período interesante, uno en el cual se probará la capacidad del Ejecutivo, de los partidos, de los líderes en el Congreso y, sobre todo, la capacidad de los gobernadores de los Estados para ponerse de acuerdo en objetivos que realmente atiendan los grandes problemas nacionales.

 

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