Esta semana, cuando está cerca de cumplir sus primeros
dos meses de gobierno, el Presidente Felipe Calderón dejó claro que sabe que la
luna de miel ha terminado y, sobre todo, advirtió que no permitirá ser atrapado
en la maraña de intereses económicos, políticos y sociales de los poderes
fácticos.
Con el marcado interés de mantener la confrontación de
Los Pinos con el PAN, se han emitido opiniones que sobredimensionan la real
fuerza de quienes intentan desde Acción Nacional enfrentar al equipo
gobernante.
Manuel Espino, quizá como dijo el Presidente Calderón,
a causa del chip de oposición que aún mueve a un sector del panismo, intenta
resistirse a aceptar que el PAN no puede ser autónomo, y menos su dirigente
nacional coquetear con el ex presidente Fox, en un vano intento de
contrarrestar lo que sabe es respaldo del panismo de base al Presidente.
Es una batalla que perderá Espino y quienes le
acompañan en la aventura, porque el Presidente Calderón tiene a su favor dos
factores:
Uno, el Presidente Calderón ha pasado casi toda su
vida adulta en el PAN y sabe cómo opera, sabe dónde están los resortes del
poder en el partido, Espino ha sido una oscura figura, de acompañamiento.
Dos, el Presidente Calderón ha dado señas de entender
el ejercicio del poder presidencial. Y, pese a los cambios operados durante el
pasado sexenio, el Presidente de la República conserva aún muchos de los
poderes de sus antecesores, particularmente esa facultad de designar y remover
a sus colaboradores, no sólo a los del primer nivel.
Las circunstancias favorecen al Presidente Calderón,
siempre y cuando su operación política sea acompañada de una adecuada
estrategia de comunicación. Deben tomar en cuenta la experiencia del pasado
sexenio: la mercadotecnia no basta.
EL
CONGRESO
A partir del próximo jueves empieza el período
ordinario de sesiones del Congreso, y es de esperarse que el gobierno
calderonista haya discernido entre el discurso y los reales objetivos de las
fuerzas políticas representadas en el Congreso.
Una ojeada interesada a lo que ocurre en cada partido
político, particularmente en los tres grandes partidos, podría marcar el rumbo
que tomarán Calderón al dialogar y negociar con cada uno de ellos.
Enfrenta este Congreso el reto de conseguir algunos
cambios en tres campos fundamentales: el económico, el político y el social.
En el ámbito económico, México está urgido de una
reforma hacendaria, no importa cuan modesta sea, siempre y cuando consiga
avanzar en el sentido de obtener más recursos para el gobierno.
Esa reforma hacendaria está íntimamente ligada con
cambios en el sector energético. Si se analizan cuidadosamente los discursos de
los partidos, es posible que se encuentren los puntos de coincidencia que
impidan que las rencillas ideológicas conduzcan a una peligrosa parálisis en
este terreno, porque sin la palanca que significa el petróleo, disminuyen
peligrosamente las posibilidades de conseguir los tres grandes objetivos de
reducir la pobreza, de impulsar el crecimiento y de mantener la estabilidad
macroeconómica.
En el ámbito político, el gobierno de Calderón tendrá
que fijarse objetivos viables, para evitar que cuajen algunas iniciativas de la
oposición, las cuales intentan hacer cambios radicales en el marco
institucional y constitucional de la República, cambios que se proponen con
propósitos muy ajenos a la salud política y social del país.
Muchos de esos cambios no tienen otro objetivo que
acotar el poder presidencial, y trasladar ese poder a los gobiernos de los
Estados. Eso, dicen, es federalismo, pero en realidad es la atomización del
poder político. Y se pretende acotar también al Poder Judicial, con propuestas
que distorsionarían el rol de Corte Constitucional que tiene la Suprema Corte
de Justicia.
Con esas propuestas tendrá que lidiar el Ejecutivo,
negociar y dialogar. Y habrá de decidir cuánto ceder, porque al final de
cuentas eso significa negociar: estar dispuesto a ceder.
Pero si el país desea seguir la ruta de la democracia,
tendrán que ser bloqueadas todas las intentonas por rodear a la voluntad de los
electores.
El Presidente Calderón debe tener claro que la mayoría
de los electores tienen que ser convencidos para que acepten algunos de los
cambios que se propone. Y que hay que ganar la voluntad de los ciudadanos.
Y los partidos, especialmente sus líderes en el
Congreso, tienen que entender que es una perversión democrática intentar darle
la vuelta a la voluntad de los electores. Es inmoral que intenten forzar la
creación de presuntas mayorías, cuando durante las recientes cuatro elecciones
federales los votantes han demostrado su firme voluntad de no darle la mayoría
a nadie.
Como sea, a partir del uno de febrero empieza un
período interesante, uno en el cual se probará la capacidad del Ejecutivo, de
los partidos, de los líderes en el Congreso y, sobre todo, la capacidad de los
gobernadores de los Estados para ponerse de acuerdo en objetivos que realmente
atiendan los grandes problemas nacionales.