La semana ha sido rica en informaciones, algunas de
las cuales representan apenas prolegómenos de eventos futuros.
Vamos por partes.
Primero está la resolución parcial, pero viable, que
encontró el gobierno de Felipe Calderón para el aumento al precio del maíz y la
tortilla, el cual era y sigue siendo un problema político serio.
La resolución, bien publicitada y manejada con las
estrategias de difusión en spots del
sexenio pasado, sin embargo, es apenas un atisbo de las confrontaciones que
habrá de tener el Presidente Calderón con los poderes fácticos, económicos y
políticos, confrontaciones para la cual aún no está suficientemente
fortalecido.
Esa es la razón por la que el gobierno calderonista ha
optado por la confrontación con el narcotráfico, pues aunque implica riesgos de
violencia, es socialmente aceptada por todos los grupos sociales y económicos.
La realidad es que la extradición de capos a Estados
Unidos es una réplica de aquella extradición que hizo el gobierno colombiano de
los más connotados capos del narcotráfico.
Igual que ahora, Colombia se dejó convencer por el
gobierno de Estados Unidos de que así se descabezaba al narcotráfico. No ocurre
así en la vida real, pues todavía la cocaína colombiana surte a los grandes
mercados de Estados Unidos y Europa.
Como sea, es una medida que demuestra que Calderón
está dispuesto a confrontar a las mafias. ¿Con qué resultado? Dependerá de que
mantenga el respaldo de todas las fuerzas políticas en su batalla contra el
narcotráfico, pero también de una voluntad que no flaquee cuando empiece a ser
evidente que la batalla sólo puede ser a largo plazo, que sus dimensiones están
más allá de los límites de un sexenio.
CALDERÓN
Y SU PARTIDO
Desde el Partido Acción Nacional hay intereses
político-partidistas dispuestos a desafiar al gobierno del Presidente Calderón.
Uno, el asilo político que le da Manuel Espino al
foxismo en el CEN y el que pretende ampliar al Consejo Político Nacional, cuyos
300 consejeros se renuevan en dos meses y cuyo control pretende entregar a
grupos para quienes lo mejor es mantener la distancia entre partido y gobierno.
“El PAN es de los panistas, no del Presidente”.
Al foxismo será fácil someterlo, en el momento en que
el Presidente Calderón decida dar algunos golpes y se realicen algunas
consignaciones.
Será más difícil lidiar con la doctrina Espino de que
el PAN no es del Presidente, porque esa es la doctrina más disolvente que puede
existir para el Presidente y para el partido.
No hay Presidente que pueda gobernar sin el apoyo de
un partido, preferentemente el propio; pero al partido que abandona al gobierno
que llevó al poder le puede ocurrir que sin autoridad superior para resolver
los conflictos se debilite en pleitos internos interminables.
Este último es el riesgo que tendrán que evaluar los
panistas a la hora de renovar su Consejo Político Nacional.
SUCESIÓN
EN EL PRI
La sucesión en
el PRI, a pesar de que tantos dicen que el tricolor está en decadencia, ha
atraído a muchas fuerzas ajenas al partido, para tratar de influir en el
resultado de la elección de la nueva dirigencia nacional.
La contienda real es entre el ex senador Enrique
Jackson Ramírez y la ex gobernadora de Tlaxcala Beatriz Paredes.
Ambos cuentan con apoyos. Y, a pesar de las notas
publicadas, el discurso es fundamentalmente distinto.
Jackson ha intuido que ya no será posible buscar la
candidatura presidencial desde la presidencia nacional del PRI y su discurso es
una fuga hacia delante, un intento de buscar el entreveramiento de
generaciones.
La señora Paredes sigue en el discurso políticamente
correcto, destinado a satisfacer más a los críticos del PRI, internos y
externos, que a satisfacer al voto duro del partido.
Dentro de tres semanas y media se conocerá el
resultado.
Y quizá se defina el rumbo del PRI, de lo cual depende
su supervivencia.
LOS
PENDIENTES
Durante las semanas próximas enfrentará el gobierno de
Felipe Calderón una ofensiva a fondo para desacreditar todos los programas
puestos en marcha esta semana.
Seguirá presionado por la ofensiva mediática de sus
adversarios.
En estos tiempos en que se ha diluido la frontera
entre la comunicación política y la mercadotecnia, el régimen de Felipe
Calderón parece haberse inclinado por una contraofensiva mercadotécnica.
Eso se explica por la necesidad de fortalecer la
figura del Presidente; pero el hecho es que el “spotear”, simplemente, sin complementar la mercadotecnia con una estrategia
de comunicación que, por ahora, empiece a hacer que la sociedad empiece a temer
a las reacciones presidenciales, será difícil superar la campaña de
ridiculización que de la figura presidencial se hace con fines políticos
específicos.
Después del sexenio de López Portillo, la institución
presidencial se había frivolizado, se le había perdido el respeto, porque había
perdido seriedad.
Miguel de la Madrid le devolvió seriedad, aunque no
puede hacer que recuperara el respeto.
Carlos Salinas mantuvo la seriedad de la institución
presidencial; pero también recuperó el respeto.
Primero, claro, hubo que temer a las respuestas
presidenciales a las ofensivas, y el temor, al final generó respeto.