El tema del aumento del precio de la tortilla y otros
básicos es uno de política.
Para los partidos de oposición, es la gran oportunidad
de montar una ofensiva contra el gobierno del Presidente Calderón.
Pero también ha sido causa para descubrir que el Estado
Mexicano, calificado como “el ogro filantrópico” por Octavio Paz, es un ogro al
cual le han sido extraídos los dientes.
También ha servido para confirmar lo erróneo de las
decisiones tomadas por los últimos dos gobiernos, al reducir la superficie de cultivo
de maíz blanco, el cual es considerado en casi todo el mundo como un cultivo
especializado y, por ende, tiene un sobreprecio que la balanza de importaciones
y exportaciones agropecuarias no alcanza a sustentar.
Quizá lo más sensato que ha escuchado el Presidente
Felipe Calderón en estos días, en los que la coyuntura del precio de la
tortilla ha puesto fin a la luna de miel del régimen, ha sido la explicación
sobre el problema que le dio el gobernador del Banco de México.
Ojalá y tome en cuentas algunas de las sugerencias de
Guillermo Ortiz Martínez, pues no todo mundo sabe que el Banco de México tiene,
desde hace décadas, un aparato de medición de precios que permite percibir las
corrientes del mercado.
El asunto de la tortilla ha venido a ser el catalizador
para el gabinete del Presidente Calderón, quien está impaciente por la falta de
iniciativas viables para atenderlo.
Las medidas anunciadas por el gabinete del Presidente
Calderón quizá alivien la situación, pero no resuelven el problema central: la
impotencia del Estado Mexicano ante los abusos del mercado.
Mientras se analiza el eventual impacto de dichas
medidas, el Presidente Calderón ha decidido darle un giro a los debates
inevitables con las fuerzas políticas y económicas.
En su conferencia de esta mañana ha lanzado a la
discusión el tema de una reforma fiscal, apoyado en la urgencia impuesta por
las presiones al presupuesto a causa de la baja del precio del petróleo.
Como era de esperarse, el Presidente Calderón muestra
un cauteloso optimismo, pero también advierte de la urgencia de proporcionarle
al Estado más recursos para atender los problemas nacionales.
Quizá sería la oportunidad para que en la discusión de
los temas económicos, que involucra la reforma fiscal, se introdujeran algunos
cambios que le restituyeran al gobierno federal muchas de las facultades de que
lo despojó una visión naive de la
realidad nacional.
Por lo pronto, el Presidente Calderón será cuidadoso
de no dejarse arrastrar a una confrontación directa con los poderes fácticos
que le han desafiado.
Salvo en el tema de seguridad, sabe el Presidente
Calderón que aún necesita consolidarse su régimen, fortalecerse para entrar en
esa confrontación.
Por ahora, la confrontación ha sido pospuesta.
Y se pospone porque aún está a prueba la capacidad,
imaginación y temple del gabinete del Presidente Calderón.
Como sea, la luna de miel ha terminado y ha llegado la
hora que el Presidente y sus colaboradores enfrenten las realidades de esta
Nación, porque ahí en el centro del poder sólo se puede lidiar con realidades,
hay tiempo para planear, para ejecutar, para diseñar, pero no hay tiempo para
soñar despierto.