Se han cumplido las primeras dos semanas del gobierno
del Presidente Felipe Calderón. Y tal parece que será corta la luna de miel con
sus adversarios, con sus partidarios, con los medios y con la opinión en los
medios.
La tarea de estructurar su equipo de trabajo, a la vez
que lidia con la siempre polémica tarea de negociar con el Congreso los
presupuestos federales del próximo año, han exigido este año más esfuerzo que
en otros sexenios.
No hay duda que los adversarios del Presidente
Calderón no le darán minuto de descanso. El PRD posiblemente el más agresivo,
porque a pesar de que algunos quieren matar a base de encuestas a López
Obrador, la fuerza del ex candidato presidencial es mucha en el partido, así
que nadie se le puede oponer abiertamente. En cuanto al PRI, con el problema
adicional de que enfrenta una opinión en los medios muy parcial, poco objetiva,
tiene dificultades aún para decidir cómo, cuándo y en qué condiciones votaría
con el PAN en el Congreso.
El gobierno del Presidente Calderón ha tenido que
empezar a lidiar con los pendientes que le dejó Vicente Fox:
Primero el tema de Oaxaca, donde la táctica ha sido
disuadir la violencia, pero también pasarle la responsabilidad de la seguridad
de la ciudad capital al gobierno del Estado. Ahí serán las circunstancias, los
actores políticos, tan diversos y complicados como son, los que irán
permitiendo al Ejecutivo trazar una estrategia a mediano plazo.
Segundo, el grave problema de deterioro de seguridad
pública, resultado de la laxitud foxista. Mientras su gabinete de seguridad
utiliza los primeros noventa días del gobierno para presentarle al Presidente
una estrategia más de largo plazo contra la delincuencia organizada, ha tenido
que organizar la operación “Michoacán”, durante la cual se prueban tácticas,
maniobras y se acumulan experiencias, a la vez que se le da cierta tranquilidad
a un Estado donde el gobierno local ya estaba totalmente rebasado por la
violencia de los narcos.
Y tercero, la inmediatez del presupuesto y la urgencia
de disponer de uno para el primer año de gobierno, por ahora ha hecho a
Calderón posponer algunas de sus propuestas. Al arranque del año, sin duda,
escucharemos propuestas al Congreso y el anuncio de medidas que puede tomar en
materia económica el Ejecutivo y que no necesitan aprobación de los
legisladores.
Por ahora, Calderón ha ocupado su tiempo en llenar los
puestos del Ejecutivo, tarea que no es tan fácil como parece, pues además de
las designaciones directas, hay miles de posiciones que deberán ser ocupadas.
Y, pues ha tenido que pagar las deudas políticas. No
ha podido evitarlo.
No es, por supuesto, para emitir juicios tan radicales
como algunos que se escuchan o se leen en los medios. Y eso nos lleva a un
pendiente que tiene el Presidente Calderón: la estructuración de un mecanismo
eficaz para la comunicación política, una comunicación política que le de
margen de maniobra y a la vez le permita resistir las duras embestidas de sus
adversarios.
Es un error suponer que todo lo pueden hacer con la
publicidad. Y por ahora, igual que Fox, el equipo de Calderón parece
concentrado en la publicidad.
Después de dos semanas, las tormentas que han tenido
que enfrentar y las polémicas provocadas por nombramientos o acciones del
gobierno de Calderón tienen que haber dejado la lección de que la publicidad no
es comunicación política. La mejor prueba es que no han conseguido ni siquiera
que el panismo este en sincronía con lo que quiere hacer un Presidente panista.
Es quizá, un problema de actitud, ya advertido en este
espacio cibernético. Es cierto, ganaron la elección, pero por un margen muy
estrecho, lo cual naturalmente les deja muy estrecho margen de maniobra.
Y menos tendrán si tantos del primer equipo se
comportan como si ya se hubieran disipado las tolvaneras levantadas por la elección
del 2 de julio.
Mucha inteligencia y una eficaz tarea de gobierno es
lo que necesita el gobierno de Calderón para conseguir estructurar un proyecto
de gobierno nacional, que le permita empezar a atender los urgentes problemas
de desigualdad, pobreza y desempleo de la República.
Y esos problemas hay que enfrentarlos con un gran
pragmatismo, pero también con mucho realismo político, el suficiente como para
entender que no es hora de sesgos ideológicos, la batalla política en la que
están, al menos desde la perspectiva del Ejecutivo, tiene que despojarse de
esos sesgos para servirle mejor a la Nación.