Con el Café 10/Dic/06
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 3

10 de Diciembre de 2006

Número 128

 

EL BENEFICIO DE LA DUDA

A una semana de haber prestado protesta ante el Congreso, el Presidente Felipe Calderón apenas ha dado un esbozo de cuál sería su estilo personal de gobernar. Es, a juzgar por la señales enviadas durante esta semana, un estilo muy distinto al de su antecesor.

 

Es un ejercicio de ociosidad discutir las personalidades de los miembros del gabinete. Después de todo, si Calderón va a ser tan exigente como les advirtió, algunos no harán huesos viejos.

En esta semana enfrentó tres circunstancias particularmente inquietantes.

La primera fue la revelación de hiciera José Gutiérrez Vivó de una presunta conversación con colaboradores del que fuera equipo de transición.

La reacción podría haber sido tardía, pues hasta 48 horas después, cuando Carmen Aristegui entrevistó al empresario periodístico en CNN en Español, se comunicó con él el comunicador de Los Pinos Max Cortazar, en un intento de controlar los daños.

O quizá fue que lo que digan, escriban y transmitan los medios nacionales no les interesa particularmente, sólo los medios internacionales.

Aquí convendría recordar que los medios impresos no pueden ser tan prescindibles como se cree. En 1994, cuando estalló el levantamiento del EZLN, a las dos semanas de aquel enero el gobierno federal tenía ganada la batalla mediática en los medios electrónicos, pero la había perdido en los medios impresos.

 A veces se afirma que la opinión informada no trasciende más allá de lo que Fox llamó el círculo rojo. Mas, cuando es suficientemente intensa, suele pernear a muchos sectores de la sociedad, fuera del círculo rojo.

El otro episodio, éste sí favorable al nuevo gobierno, fue la detención de uno de los dirigentes de la APPO, del más visible, Flavio Sosa, lo cual sumado a otras detenciones realizadas por la PFP muestra que, de alguna manera, el gobierno de Calderón va en serio en eso de imponer el orden en Oaxaca. A pesar del escándalo de algunos, la mayoría consideró adecuada la actuación gubernamental.

Luego vino la desafortunada y torpe declaración de un diputado panista que ha obligado el gobierno de Calderón a defenderse. Es el caso del presupuesto a las universidades públicas, incluida la UNAM.

La reducción no ha sido suficientemente explicada. Ni siquiera por las declaraciones de la Secretaria de Educación Josefina Vázquez Mota, pues sólo son eso: declaraciones, y habrá que conocer las razones para el recorte presupuestal a las universidades públicas.

No es un asunto menor, porque entre los rectores universitarios circuló el documento de trabajo elaborado hace ya varios meses por académicos del ITAM, en el cual sugerían ir sofocando lentamente a la universidad pública, para crear otro sistema más eficiente y con un programa eficaz de acceso a becas.

Es un hecho que el gobierno de Felipe Calderón enfrenta una implacable campaña de desinformación, pues ya han tenido que hacer muchas aclaraciones, demasiadas para un gobierno tan joven.

La desinformación es por razones políticas, en primer lugar, pero también por razones económicas.

Para contrarrestar a la desinformación sólo hay un camino: hablarle con franqueza a la Nación.

En 1995, cuando la economía nacional estaba a punto de derretirse, el gobierno de Ernesto Zedillo tuvo que tomar medidas muy drásticas, casi draconianas, para impedirlo.

Lo consiguió, es cierto, pero también es cierto que Zedillo nunca pintó de rosa el panorama, describió en toda su crudeza la crisis que amenazaba a la economía mexicana.

Y los factores reales de poder, más allá de los discursos y las declaraciones banqueteras lo entendió.

Eso le dio a Zedillo un gran margen de maniobra.

Ahora, a juzgar por el austero presupuesto presentado por el nuevo gobierno para su primer año de administración, el próximo año no será tan promisorio.

Es posible que no sea tan catastrófico como lo pinta la oposición.

No lo sabemos. Quizá contaría el gobierno de Calderón con más respaldo si se le dijera la verdad a la población.

Habría rezongos, pero también se le daría el beneficio de la duda.

Y, por ahora, eso es lo que necesita el nuevo gobierno: el beneficio de la duda.

 

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