En el momento en que se escribe esta crónica semanal,
están a punto de llegar a la ciudad de Oaxaca las caravanas organizadas por el
PRD y otras organizaciones afines para incorporarse a la “mega marcha”
convocada por la APPO.
Es un descarado ejercicio de oportunismo para
aprovechar el movimiento oaxaqueño y, de paso, atraerlo al movimiento con el
cual Andrés Manuel López Obrador intenta desestabilizar al próximo gobierno de
la República.
A veces parece que a todos los que intentamos
aproximarnos al conflicto de Oaxaca nos pasa lo que a los ciegos a quienes se
les pidió describir como es un elefante, mediante el tacto.
Aquel que tocó la cola, dijo que un elefante es como
una culebra; quien tocó una pata lo describió como un tronco, y quien tocó la
panza dijo que es como una pared.
Todos, sin embargo, hablaban del mismo elefante.
Y, quizá, esa es la razón por la que no se cuenta con
un diagnóstico claro, exacto, preciso, del conflicto de Oaxaca.
La realidad es que, como se dijo tantas veces en este
espacio cibernético, el conflicto lo heredará el Presidente Electo Felipe
Calderón, quien desde su primer día como Presidente Constitucional tendrá que
enfrentarlo.
No puede ignorarse el origen del conflicto, es cierto,
así como tampoco los errores, abusos y torpezas del gobernador Ulises Ruiz que
han agraviado a muchos sectores de la sociedad oaxaqueña.
Mas ya se vio que no bastó con satisfacer las
exigencias del magisterio. Y no bastó porque el movimiento que ahora encabeza
la APPO ha conseguido de alguna manera agrupar a tantos agraviados por el mal
gobierno de Ulises Ruiz.
Ya quedó demostrado que la APPO ha conseguido una
capacidad de organización y movilización táctica que desafía todas las
experiencias del Estado mexicano en conflictos anteriores.
La APPO ha mezclado con sagacidad la violencia y la no
violencia.
Esto ha provocado un desconcierto entre los medios que
no atinan a definir ni siquiera los fines del movimiento.
Aunque algunos ingenuos supongan que se trata sólo de
cambiar de gobernador, el objetivo de la APPO va más allá. Es más ambicioso,
busca el poder. Y por eso quieren el PRD y López Obrador capitalizarlo y,
claro, utilizarlo como ariete en su lucha desestabilizadora.
El próximo 11 y 12 de noviembre está convocado en
Oaxaca un Congreso constitutivo, el cual reunirá a todas las organizaciones de
activistas que suelen permanecer en la marginalidad de la estructura política
tradicional.
La APPO se transformará en el Consejo Estatal de los
Pueblos de Oaxaca.
Afirman que definirán la reforma del Estado para
Oaxaca, objetivo que ya aceptó la Secretaría de Gobernación.
Pero también, arrogándose la representación de toda la
sociedad oaxaqueña, decidirán las características del “nuevo gobierno, el nuevo
constituyente y la nueva Constitución estatal”.
O sea, ellos mandarán en Oaxaca.
Y, una vez conseguido su objetivo, seguirán con otras
entidades del sur de la República.
Se trata de una auténtica insurrección para ganar el
poder.