A la hora de escribir esta crónica están las fuerzas
federales aún en los accesos de la ciudad de Oaxaca, luego que el Ejecutivo
federal decidiera, por fin, cumplir con sus obligaciones legales y
constitucionales de preservar la paz interior.
No importa que la intervención tardía del gobierno
federal, en un conflicto que se prolongó durante 161 días, sea por malas
razones.
Esas malas razones son los tiroteos que causaron la
muerte a un camarógrafo norteamericano y un comunicado agrio de la embajada de
Estados Unidos en México.
A regañadientes aceptó el Presidente Fox el uso de la
fuerza pública, en un lance cuyos resultados aún no sabemos.
Ya se dejan escuchar opiniones sobre el uso de la
fuerza pública. Es el fracaso de la política, lo cual atribuyen a la reticencia
del gobierno del Presidente Fox a manchar su récord de haber optado por dejar
correr situaciones, con tal de no aparecer como “represor”.
No es el fracaso de la política, es el fracaso de los
políticos, los políticos que con destacable irresponsabilidad decidieron
capitalizar el conflicto oaxaqueño.
Los políticos contribuyeron a enredar lo que
originalmente era un conflicto magisterial.
Los políticos han atizado el fuego.
No sabemos el desenlace de la intervención pública,
pero todos, partidos, políticos, medios afines al movimiento, los liderazgos
radicales, las dirigencias sindicales y el gobierno federal, atizaron el fuego.
Es posible, por las provocaciones ya conocidas esta
mañana, que haya saldo de sangre.
Esa sangre estará en las manos de todos los políticos,
del PRD, del PRI, del PAN, del SNTE, de la CNTE, de los ex gobernadores ávidos
de retener su poder, de los rezagados de la caída del Muro de Berlín, y de
tantos medios que con actitudes ambiguas han alentado las violentas propuestas.
Tantos medios de comunicación que critican la inacción
gubernamental y son los primeros en calificar de represión lo que únicamente es
el ejercicio legítimo de la fuerza que posee el Estado mexicano.
Todos, sin excepción, son responsables.
Y quizá quede de todo este lance un saldo sangriento.
Y las voces en muchos medios clamarán al cielo.
Pero durante 161 días se glorificó la violencia y se
idealizó un alzamiento, un alzamiento que no debió ser tolerado tanto tiempo.
Lo que sigue es una operación política que exigirá de
mucha voluntad, pues después de rescatar a Oaxaca y los últimos
acontecimientos, la posición del gobernador Ulises Ruiz se vuelve insostenible.