Con el Café 08/Oct/06
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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 3

8 de Octubre de 2006

Número 120

 

PASAR A LA HISTORIA

 

El poder presidencial está acotado, dijo el Presidente Vicente Fox durante su gira por Aguascalientes, el pasado viernes 6 de octubre.

Insistió en su afirmación de que “no más presidencia imperial, se acabó aquella época en que la palabra del Presidente era la ley suprema”.

El hecho es que la Presidencia de la República cuenta al día de hoy con casi todos los instrumentos para ejercer el poder de que dispusieron los antecesores priístas del señor Fox.

Para empezar, esos instrumentos están contenidos en la Constitución. Bastaría leerla para encontrarlos.

De alguna manera los prejuicios antipriístas que condujeron al licenciado Fox a la Presidencia de la República y su concepción gerencial del ejercicio del puesto han influido para que su gestión sexenal haya tenido tantas limitaciones.

En su afán de “ya no se hacen las cosas como antes”, ha llevado a su gobierno a una suerte de callejón sin salida.

Y a la República le ha provocado que las costuras de la convivencia social civilizada y legal se hayan empezado a descoser.

Ese fenómeno es la causa de que la violencia empiece a marcar la existencia de los mexicanos.

Sin duda se han hecho esfuerzos para combatir al narcotráfico, origen de mucha de la violencia, pero la realidad es tan compleja que el Ejecutivo está aturdido y sólo le combate con golpes efectistas.

Más grave es la torpeza con que han manejado situaciones como la de Oaxaca, una de las más claras manifestaciones de que, por primera vez en 75 años, un grupo de alzados mantiene bajo su control a un estado de la Federación.

Las telarañas de los prejuicios, los traumas por represiones del pasado y una patética incapacidad para la negociación política, han llevado al gobierno del Presidente Fox a tolerar dicha ocupación violenta e ilegal. Una ruptura clara del orden interior en una entidad de la República.

Y un precedente para que el fenómeno se repita en otras entidades.

La tibieza del gobierno foxista para enfrentar los conflictos ha estimulado a muchos grupos a desafiar al gobierno de la República.

El desorden callejero, la violencia de la delincuencia organizada y la agresividad de los grupos políticos envalentonados han conducido al país en una senda que sólo puede terminar mal.

En una ingobernabilidad que al paso del tiempo podría convertirse en anarquía.

Una anarquía de la cual hemos visto ejemplos palpables en el caso Oaxaca, o en el descarado comportamiento de la delincuencia organizada.

Lamentablemente le quedan al gobierno foxista solamente 53 días en el poder.

Y se frustrará el afán de pasar a la historia como el gobierno “del cambio democrático”, pues dejará a su sucesor una envenenada herencia de violencia, descontento social y un peligroso clima de encono y rencor.

 

 

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