La semana tuvo pocas variaciones, noticiosamente hablando, y de alguna manera enfocó la atención de los medios y la opinión
pública en unos pocos temas; con la complicación de que, en épocas de sequía
informativa, suelen magnificarse asuntos y declaraciones que en otras ocasiones
no serían relevantes.
En el conflicto oaxaqueño permitió, al menos, que la atención pública nacional empezara a centrarse en la toma de la capital de
Oaxaca durante ya 130 días.
Y ha obligado al gobierno del Presidente Fox a actuar.
La convocatoria al diálogo hecha por el Secretario de Gobernación, Carlos Abascal, tiene como objeto abrirle camino a una alternativa
que sería una singular mezcla de acuerdos políticos y medidas para imponer el
orden.
La convocatoria en sí misma es una contradicción a latesis inicialmente sostenida por el gobierno foxista de que el conflicto era
local.
A 60 días de que termine el sexenio, el gobierno del Presidente Fox se ha convertido en el actor principal del conflicto, en calidad
ya no sólo de mediador, sino también de impulsor de iniciativas que, en
estricto rigor jurídico, suplantan tareas que corresponderían al Congreso del
Estado, como sería la propuesta de una reforma constitucional en Oaxaca.
Los gobernadores del PRI, que con diputados y senadores constituyen la única fuerza política que tiene el tricolor, están
obligados a encontrar la formula que permita el retiro del gobernador Ulises
Ruiz, cuya posición ya es insostenible.
El PRD, en otro error táctico, anuncia suincorporación a la lucha de la APPO y la sección 22, error que pagará en las
elecciones intermedias, pues echa por tierra la batalla de varios años para
mostrarse como opción viable de gobierno y descalificar la imagen de rijoso que
le construyeron sus adversarios.
Lo peor que puede pasar en el conflicto oaxaqueño esque se convierta en una faceta más de la batalla postelectoral de Andrés Manuel
López Obrador.
Si eso ocurre, se abrirá la puerta a una peligrosa confrontación, a un agravamiento de la polarización y, desafortunadamente, a
repercusiones del conflicto político en el ámbito económico.
Si el PRD se repliega un poco, podría funcionar la estrategia del gobierno foxista y conseguirse que poco a poco volviera la
tranquilidad y la paz social a Oaxaca.
Si no lo hace, estará asumiendo una grave responsabilidad histórica.
Por ahora, todo depende el éxito de la mesa propuestapor el Secretario de Gobernación.