La proclamación del Presidente Electo y la declaración
de validez de las elecciones sólo contribuyeron a exacerbar la irritación de
los seguidores de Andrés Manuel López Obrador.
Ha sido una semana de indudables satisfacciones para
Felipe Calderón, pero también una semana en la cual empezó a sentir las
presiones a que estará sujeto durante los siguientes seis años.
Las presiones de los colaboradores, de los
correligionarios, de los contribuyentes a la campaña, del foxismo, de la
academia tan llena de proyectos e ideas, además de las presiones de sus
adversarios.
Esa, al final de cuentas, es la Presidencia: el
pararrayos de conflictos y el eje que debe mantener unidas a las fuerzas
centrífugas que hoy como nunca operan en la sociedad mexicana.
Muchas de las presiones son porque todos quieren estar
en el gabinete, en alguna posición de poder. Y todos creen merecerla.
Hace algunos años, un ex presidente de la República,
priísta, comentó:
“…Todos creen que cuando un Presidente está muy cerca
de terminar su sexenio es cuando está más solo. No es así, en esos momentos son
muchos los colaboradores que lo arropan, unos por lealtad, otros para que los
recomiende con su sucesor…. No, el momento de mayor soledad de un Presidente es
antes de tomar posesión: cuando va a designar a su gabinete… Uno se encierra en
su despacho, con un lápiz, para apuntar y borrar, y en la lista de secretarías
y dependencias va anotando nombres, y los va borrando, para anotar otros más…
Ahí no cuenta que hayan sido amigos o colaboradores de la campaña, menos
familiares, debe contar solamente que puedan ser eficientes y eficaces…”
Hace bien Calderón en esperarse hasta noviembre,
tendrá tiempo para pensar y, quien sabe, quizá hasta para negociar su gabinete
con algunos adversarios.
Quizá más importante es que lo haga Andrés Manuel
López Obrador, es la estrategia mediática de Calderón.
Quizá necesita placearse en los Estados, para ser
reconocido por la población del país como el Presidente Electo. Ser visto,
tocado y escuchado. Al final del día la famosa crisis política es, primero, un
asunto de élites políticas, segundo, un asunto fundamentalmente del Distrito
Federal.
En los Estados la elección ya pasó y ya terminó.
Pero habrá de cuidarse de distanciarse del
comportamiento rijoso que por lo visto seguirá manteniendo el Presidente Fox.
Coloquialmente, el Presidente seguirá pateando al
adversario al que está seguro que derrotó él, porque esa es la otra
circunstancia, el Presidente Fox está seguro que Felipe Calderón le debe el
triunfo.
Calderón tendrá que tomar, pronto, el control del
partido, para que haya un solo mensaje del panismo: el mensaje del Presidente
Electo.
Y tiene que ser un mensaje de conciliación.
Si no caen en ninguna provocación, si resisten la
tentación de endurecer el lenguaje, pero empiezan a dar a conocer líneas de
trabajo para el programa de gobierno, es posible, muy posible, que puedan
ayudar a López Obrador a quedarse aislado.
Si, en cambio, se dejan ganar por el triunfalismo, sólo
alimentarán el descontento y la frustración en el lopezobradorismo y lo
fortalecerán.