La semana termina con la apertura de la incógnita que
representa la llamada “convención nacional democrática”, cuyos alcances son
difíciles de prever, porque está apenas en proceso de gestación.
Mientras, ya empezó el Tribunal Federal Electoral la
revisión de las impugnaciones presentadas por la Coalición por el Bien de
Todos.
Es un proceso que les llevará seguramente casi una
semana.
Para el próximo domingo ya deberán estar resueltas
algunas impugnaciones, porque el plazo legal para hacerlo con todas vence el 31
de agosto.
En estos once días se resolverán y al mismo tiempo se
sentarán las bases para una probable declaración de validez de las elecciones.
A pesar de los argumentos jurídicos y políticos
esgrimidos desde el pasado 2 de julio, el hecho es que no pueden las elecciones
presidenciales ser separadas de las elecciones de senadores y diputados.
Las elecciones legislativas y las presidenciales se
celebraron en un mismo acto, en las mismas casillas que han sido
descalificadas, con los mismos funcionarios cuestionados y bajo la conducción
del mismo Instituto Federal Electoral cuya actuación es tan criticada en la
elección presidencial.
¿Por qué las votaciones en las elecciones legislativas
sí son válidas y las presidenciales no?
Es una aberración, jurídica y política.
Para el Tribunal Federal Electoral será muy difícil
separarlas.
Entonces, es muy alta la probabilidad de que las
elecciones sean declaradas válidas.
Ojalá y que, al hacerlo, los magistrados del tribunal
no les dé por pontificar y por lanzar iniciativas de leyes.
Esa no es su labor. Ellos sólo deben tomar en cuenta
todas las pruebas y todas las circunstancias para emitir un fallo.
Bastante complicada está la situación para que un
excesivo protagonismo de los magistrados debilite la majestad del máximo
tribunal electoral de la Nación.
Así las cosas, antes de 12 días estará resuelta
jurídicamente la elección presidencial. Y luego tendremos Presidente Electo.
Terminará así lo jurídico de la elección.
Y empezará el tormentoso camino de la política, un
camino que exigirá de mucho talento y habilidad políticos para impedir que
devenga en violencia.