A pesar de las intemperancias verbales del Presidente
Fox, no cabe duda que la nota principal de la semana fue la aprobación por el
Senado norteamericano de un proyecto de reforma migratoria.
El problema de los indocumentados es, sin duda, una
vergüenza para México. Ante la imposibilidad de crear en el país los empleos
que la población necesita, el gobierno actual se ha resignado a utilizar la
emigración indocumentada como válvula de escape.
Los cálculos del INEGI revelan que dicha emigración
podría haber sido durante este sexenio de más de 2 millones de personas.
Aquel primer encuentro entre los Presidentes Fox y
Bush en la primavera de 2001 fue el intento de dar un paso hacia una auténtica
integración del bloque de Norteamérica.
Se trataba de empezar a transitar por la ruta de hacer
realidad a mediano plazo un tránsito ordenado y más fluido entre Canadá,
Estados Unidos y México.
Ocurrió el atentado de las Torres Gemelas aquel
septiembre de 2001 y todo cambió.
Fue evidente que, al ponerse Estados Unidos a la
defensiva, la reforma migratoria pasó no a segundo ni tercer término, sino
hasta el rincón de los pendientes no urgentes.
Si a ello se le suma el desencuentro con México por la
guerra contra Irak, es evidente que el clima político de Washington no era el
más propicio para siquiera platicar sobre la reforma.
Ahora, arrinconado por la opinión pública
norteamericana, cada vez más descontenta con la guerra, con la ampliación de la
brecha de la desigualdad y las circunstancias económicas que flagelan a la clase
media estadounidense, columna vertebral de la prosperidad y el poderío de
aquella nación, el Presidente Bush decide atender el problema migratorio.
Es evidente que si la reforma migratoria hubiera
ocurrido hace tres o cuatro años, la migración sería más ordenada y quizá
Estados Unidos tuviera más control sobre sus fronteras.
Ahora, descubren escandalizados que los indocumentados
suman ya doce millones de personas, cuyo trabajo es vital para el desempeño de
algunos sectores de la economía norteamericana.
Mucho se ha hablado del gran número de granjas en
California -el principal proveedor de frutas y legumbres de Estados Unidos-,
que están en mala situación económica por la mano de obra.
Pero quizá el mejor ejemplo de la necesidad de
ilegales es el descubrimiento sorprendente de que sin los indocumentados no
sería posible combatir con éxito los incendios forestales en territorio
norteamericano.
Así, la presión de muchos grupos de interés y la
necesidad de tener cuando menos un éxito en este año electoral, el Presidente
Bush ha tenido que dejar muchos de sus proyectos favoritos y concentrarse en la
reforma migratoria.
El proyecto aprobado por el Senado norteamericano es
apenas un paso, pues todavía sufrirá muchos cambios, debido a la influencia que
en la Cámara de Representantes tienen los republicanos radicales.
Esa, al final de cuentas, se ha dicho, es una tarea
para la Casa Blanca, donde tendrán que apurarse, porque lo peor que podría
ocurrirle a Bush sería sufrir una derrota en el Congreso a poco de celebrarse
las elecciones que renovarán la Cámara de Representantes y un tercio del
Senado. Sería un fracaso que podría llevar al Partido Republicano a perder la
mayoría en el Congreso.
Cualquier reforma que se apruebe, sin duda,
significará cuando menos un paliativo para el problema que representa para
Estados Unidos la migración indocumentada.
Pero no será gratis. Nada es gratis en el entorno
norteamericano. México tendrá que poner su parte.
No obstante, el Presidente Fox es ya lo que llaman “un
presidente lisiado”, pues una vez pasado el 2 de julio, el Presidente Fox ya no
puede hacer compromisos a nombre del Presidente Electo.
Menos, como sugiriera el ex embajador Jeffrey Davidow,
podría comprometerse a crear en México alguna suerte de vigilancia que
detuviera a los mexicanos antes de cruzar la frontera hacia Estados Unidos.
Sería una violación flagrante de la libertad
constitucional de tránsito de personas.
Una vez pasada la euforia electoral, hay que exigir al
gobierno del Presidente Fox que informe si hizo algún tipo de acuerdo secreto
con los gobiernos de Canadá y Estados Unidos en aquella reunión de Waco, Texas.
Ese sería un error monumental, porque ya el Presidente
Fox sólo habla por sí mismo, no por el próximo gobierno.