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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 3

28 de Mayo de 2006

Número 105

 

NADA ES GRATIS

 

A pesar de las intemperancias verbales del Presidente Fox, no cabe duda que la nota principal de la semana fue la aprobación por el Senado norteamericano de un proyecto de reforma migratoria.

El problema de los indocumentados es, sin duda, una vergüenza para México. Ante la imposibilidad de crear en el país los empleos que la población necesita, el gobierno actual se ha resignado a utilizar la emigración indocumentada como válvula de escape.

Los cálculos del INEGI revelan que dicha emigración podría haber sido durante este sexenio de más de 2 millones de personas.

Aquel primer encuentro entre los Presidentes Fox y Bush en la primavera de 2001 fue el intento de dar un paso hacia una auténtica integración del bloque de Norteamérica.

Se trataba de empezar a transitar por la ruta de hacer realidad a mediano plazo un tránsito ordenado y más fluido entre Canadá, Estados Unidos y México.

Ocurrió el atentado de las Torres Gemelas aquel septiembre de 2001 y todo cambió.

Fue evidente que, al ponerse Estados Unidos a la defensiva, la reforma migratoria pasó no a segundo ni tercer término, sino hasta el rincón de los pendientes no urgentes.

Si a ello se le suma el desencuentro con México por la guerra contra Irak, es evidente que el clima político de Washington no era el más propicio para siquiera platicar sobre la reforma.

Ahora, arrinconado por la opinión pública norteamericana, cada vez más descontenta con la guerra, con la ampliación de la brecha de la desigualdad y las circunstancias económicas que flagelan a la clase media estadounidense, columna vertebral de la prosperidad y el poderío de aquella nación, el Presidente Bush decide atender el problema migratorio.

Es evidente que si la reforma migratoria hubiera ocurrido hace tres o cuatro años, la migración sería más ordenada y quizá Estados Unidos tuviera más control sobre sus fronteras.

Ahora, descubren escandalizados que los indocumentados suman ya doce millones de personas, cuyo trabajo es vital para el desempeño de algunos sectores de la economía norteamericana.

Mucho se ha hablado del gran número de granjas en California -el principal proveedor de frutas y legumbres de Estados Unidos-, que están en mala situación económica por la mano de obra.

Pero quizá el mejor ejemplo de la necesidad de ilegales es el descubrimiento sorprendente de que sin los indocumentados no sería posible combatir con éxito los incendios forestales en territorio norteamericano.

Así, la presión de muchos grupos de interés y la necesidad de tener cuando menos un éxito en este año electoral, el Presidente Bush ha tenido que dejar muchos de sus proyectos favoritos y concentrarse en la reforma migratoria.

El proyecto aprobado por el Senado norteamericano es apenas un paso, pues todavía sufrirá muchos cambios, debido a la influencia que en la Cámara de Representantes tienen los republicanos radicales.

Esa, al final de cuentas, se ha dicho, es una tarea para la Casa Blanca, donde tendrán que apurarse, porque lo peor que podría ocurrirle a Bush sería sufrir una derrota en el Congreso a poco de celebrarse las elecciones que renovarán la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Sería un fracaso que podría llevar al Partido Republicano a perder la mayoría en el Congreso.

Cualquier reforma que se apruebe, sin duda, significará cuando menos un paliativo para el problema que representa para Estados Unidos la migración indocumentada.

Pero no será gratis. Nada es gratis en el entorno norteamericano. México tendrá que poner su parte.

No obstante, el Presidente Fox es ya lo que llaman “un presidente lisiado”, pues una vez pasado el 2 de julio, el Presidente Fox ya no puede hacer compromisos a nombre del Presidente Electo.

Menos, como sugiriera el ex embajador Jeffrey Davidow, podría comprometerse a crear en México alguna suerte de vigilancia que detuviera a los mexicanos antes de cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

Sería una violación flagrante de la libertad constitucional de tránsito de personas.

Una vez pasada la euforia electoral, hay que exigir al gobierno del Presidente Fox que informe si hizo algún tipo de acuerdo secreto con los gobiernos de Canadá y Estados Unidos en aquella reunión de Waco, Texas.

Ese sería un error monumental, porque ya el Presidente Fox sólo habla por sí mismo, no por el próximo gobierno.

 

 

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