La semana que termina encontró a las relaciones con
Estados Unidos, y la ansiada reforma migratoria, atrapadas en las redes de las
circunstancias de política interna del vecino país.
Fue también una semana salpicada de incidentes, de
revelaciones y de zigzagueantes tácticas de los candidatos presidenciales,
particularmente de López Obrador y Madrazo.
MIGRACIÓN
Acostumbrado a reaccionar a los vaivenes de la voluble
opinión pública expresada en los medios de comunicación, una vez más el
gobierno del Presidente Fox mostró su incapacidad para integrar políticas más
allá de la coyuntura política y electoral.
El anuncio del Presidente norteamericano George Bush
de plegarse a la construcción de un muro en porciones que suman 800 kilómetros
de la frontera estadounidense con México y del despliegue de 6 mil soldados de
la Guardia Nacional encontró a un gobierno foxista que, a pesar de haber sido
advertido anticipadamente del anuncio, no supo articular una respuesta
coherente.
Todo fue confusión, desde la negación del vocero de
que los miembros de la Guardia nacional sean soldados, hasta el doble discurso
del Presidente Fox. Uno para el altiplano, en vano intento de contener a los
críticos de la medida norteamericana, convocó a no pelearse con Estados Unidos.
Y otro discurso para la frontera, en el cual le exigió al gobierno de Estados
Unidos las medidas anunciadas por Bush.
El hecho es que, como se dijo al principio de estas
líneas, el tema migratorio es rehén de la contienda política norteamericana,
pues está en marcha la campaña por el Congreso y de las elecciones del próximo
noviembre depende quien tiene la mayoría.
Además, está de por medio un Presidente Bush asediado
por el descontento de los estadounidenses con la economía, con la guerra de
Irak y por los altos precios de la gasolina.
Y, como en todo proceso electoral norteamericano, los
objetivos de los grupos políticos estadounidenses se focalizan en los procesos
electorales. El tema migratorio es apenas uno más, y, como todos los temas de
una elección, tiene una alta carga emocional.
Y si a eso le sumamos el desbordamiento de las
emociones en México, se explica, aunque no se justifica, la confusión reinante
en el gobierno mexicano, carente de imaginación, creatividad y sagacidad
negociadora.
ENREDOS
No menos enredadas están las campañas por la
Presidencia.
La revelación del presidente del Partido Verde, Jorge
Emilio González, de sus charlas con el Presidente Fox es creíble, habida cuenta
de las innatas fobias presidenciales.
El error presidencial no fue reunirse con el dirigente
del PVEM, ni proponerle aliarse con el PAN. El grave error fue utilizar como
argumento aquello de “no dejaré que ganen López Obrador ni Madrazo”.
Sujeto ya a una intensa campaña de propaganda
negativa, el Presidente Fox está a la defensiva.
Lo trascendente de la semana en esta materia, sin
embargo, fue el acercamiento del PRD con el PRI. Por supuesto que ahora se
afirma que se trata sólo de mantener abiertos los canales de comunicación, pero
es el principio de la formación de una eventual coalición postelectoral para
enfrentar los resultados de las elecciones del 2 de julio, en caso que sean muy
apretados. Y si no lo son, pues también, aunque sea sólo para calmar a los
fanáticos partidarios.
Hay, innegablemente, ya un cierto desconcierto en
todas las campañas, aún en la del puntero Calderón.
Más perceptible el desconcierto de la campaña de López
Obrador, que de pronto parece no encontrar el discurso adecuado para lo que
falta.
Y, en cambio, para el priísmo se ha convertido la
campaña en una lucha por la supervivencia, por evitar la anunciada diáspora y,
sobre todo, para no convertirse en fuerza política irrelevante en el escenario
nacional.