La semana pasada, en este espacio cibernético se
advirtió sobre la posibilidad de que los sucesos de San Salvador Atenco
incidieran en el proceso electoral.
Aunque mediáticamente la situación dio un giro al
conocerse las escenas que muestran violencia y abusos policíacos en la
detención de los “macheteros de Atenco”, aún está por verse si los efectos de
la agitación, la desinformación y la propaganda van a tener efectos duraderos
en las campañas y el discurso de los candidatos presidenciales.
Por lo pronto, en la semana que terminó, el gobierno
pareció estar a la defensiva. Y, por momentos, pareció que las telarañas
antipriístas que han prevalecido en quienes participan en el proceso de
decisiones en Los Pinos han provocado una cierta descoordinación en la poderosa
ofensiva mediática que ha privilegiado Atenco sobre las campañas
presidenciales, aún cuando pueda ser una circunstancia temporal.
La mayoría de los medios ha mantenido una cierta
imparcialidad en el manejo de las informaciones, particularmente en lo que
respecta a los abusos policíacos, pero han sido incapaces de mostrar el doble
discurso del “subcomandante Marcos” quien, ante la encarcelación del líder de
los “macheteros de Atenco”, ha intentado asumir el liderazgo, atrayendo a los
grupos marginales ya mencionados la semana pasada.
En la entrevista con Carlos Loret de Mola en Televisa
“Marcos” utiliza un lenguaje light,
en un intento de mostrarse como un dirigente moderado; pero en los hechos, como
lo demuestran sus declaraciones en “La Jornada”, mantiene su convocatoria a
derrocar al gobierno, al próximo gobierno de la República, gane quien gane.
Estos grupos marginales mantienen su descalificación
del proceso electoral; pero aún así creen que podrán utilizar a algunas tribus
del PRD para influenciar a López Obrador, en el eventual caso de que el
tabasqueño gane la Presidencia.
Atenco, como sea, ha provocado una gran confusión.
Ha provocado una cierta retirada del gobierno foxista
pues, a pesar del discurso, en realidad el gobierno federal prefiere que la
responsabilidad de Atenco se traslade al gobierno del Estado de México, un
Estado priísta y con gran reserva de votos.
Ha provocado confusas, ambiguas y hasta
contradictorias declaraciones de los candidatos presidenciales, en un rechazo a
la violencia, pero también en justificación para los grupos marginales.
El conflicto de Atenco ha permitido que aflore más
abiertamente la antigua rencilla de la Comisión Nacional de Derechos Humanos
con el gobierno del Presidente Fox. Y la CNDH empieza a tomar un rumbo
delicado: el de las declaraciones políticamente correctas.
Ha provocado confusión en el gobierno del Distrito
Federal, en plena efervescencia de campaña, porque algunos de los grupos que
abiertamente apoyan a los “macheteros de Atenco” y al mismo “Marcos” son grupos
en los cuales se ha depositado buena parte del quehacer electoral para la
candidatura de Ebrard.
A pesar de estas momentáneas confusiones, riesgosas
sobre todo para un PRD que durante tanto tiempo ha luchado por quitarse el mote
de partido violento que tantos votos le costaron en el pasado, las
circunstancias, pese a todo, muestran que instintivamente el ciudadano promedio
rechaza no solamente la violencia, sino a los grupos marginales, cuyo
extremismo no es compartido por la mayoría.
Eso posiblemente hará que el conflicto de Atenco se
convierta sólo en un tema más de campaña. Sin embargo, como tema de campaña, a
quien más perjudica es al PRD y a su candidato presidencial.
Al asumir el liderazgo del movimiento, quizá el
“subcomandante Marcos” haya sobreestimado su poder de convocatoria.
Quizá descubra que si permanece en el Distrito Federal
perderá el brillo que le queda y se convertirá en una más de las organizaciones
y dirigentes marginales que pululan en la ciudad de México.
Será uno más en esta abigarrada multitud de mexicanos
que convivimos en el Valle de México.
Parte del paisaje, pues, y por lo tanto irrelevante.