La semana tuvo varios eventos relevantes. El debate de
cuatro candidatos presidenciales, del cual se comenta en “Cambio de Guardia
2006”, la complicación del conflicto minero y la creciente insolencia de la
violencia del narcotráfico.
CONFLICTO
MINERO
El conflicto minero parece prolongarse con intenciones
políticas. Se mantiene la presión sobre Napoleón Gómez Urrutia, pero aún
persiste el nerviosismo entre muchos sindicatos, aún sindicatos conservadores,
como se dijo en este espacio, por lo que se ve como una ofensiva antisindical.
El desfile del primero de mayo será un acto político.
Siempre lo fue, pero antes tenía la característica de darle apoyo al gobierno
en turno; ahora su rasgo será de oposición al gobierno actual.
Calcula el gobierno foxista, sin embargo, que el costo
de dicha oposición vale la pena, porque cuenta con que las manifestaciones
callejeras provocan el suficiente disgusto entre los ciudadanos promedio, como
para compensar esa oposición.
Por esa razón se mantienen en suspenso las
negociaciones iniciadas por la Secretaría de Gobernación, las cuales se podrían
reactivar el próximo mayo, dependiendo de las repercusiones del desfile obrero.
Como en todo conflicto obrero, se le apuesta al agotamiento del activismo, lo cual
colocaría al gobierno en una posición de fuerza para negociar.
En cuanto al fallido desalojo de la planta de Sicartsa
y los dos mineros muertos, se ha puesto en marcha una estrategia que tiene como
objetivo que el gobierno perredista de Michoacán cargue con la culpa del
fracaso. El efecto político colateral sería debilitar al gobernador Lázaro
Cárdenas y con ello se debilita la oposición de Cuauhtémoc Cárdenas a López
Obrador.
El otro efecto, poco conveniente para el gobierno, es
que si la presión sobre el gobernador de Michoacán es mucha, el ingeniero
Cárdenas, para quitarle presiones a su hijo, pueda aparecer a mediados de mayo
en los mítines de López Obrador, dándole el respaldo que hasta ahora le ha
regateado. Eso fortalecería a López Obrador en un momento en que la tendencia
parece ser desfavorable a su candidatura presidencial.
Y lo que el gobierno foxista calculó como una
impecable operación política puede resultar un fracaso, como el desalojo de la
planta de Sicartsa.
NARCOTRÁFICO
Al reto insolente de la decapitación de un comandante
y su escolta en Acapulco, se suman otras ejecuciones y el atentado contra el
Secretario de Seguridad Pública de Baja California.
Poco a poco, parece ser más alto el nivel de los
funcionarios que son víctimas de atentados de los narcotraficantes.
Y como un desafío todavía más arrogante, está el
festival del Día del Niño que el capo Osiel Cárdenas organizó en Reynosa,
Tamaulipas.
Reunió el sábado 29 de abril a 22 mil personas entre
las cuales se repartieron dulces y regalos, con un mensaje del capo recluido en
el penal de Alta Seguridad de La Palma.
No sólo le exigen respeto a las autoridades, sino que
demuestran que pueden atentar contra quien quieran, que nadie está exento de
ser su víctima, sino que además se dan el lujo de ganar popularidad entre la
población.
Valdría que las autoridades reflexionaran sobre lo que
significa la impunidad del terrorismo del narcotráfico en plena campaña
electoral y sobre la eventual protección que la población pueda darle a
aquellos que se presentan como benefactores. Quizá debieran revisar el ejemplo
del capo colombiano cuya popularidad entre la población de Colombia, ganada con
obras y donaciones, le permitió eludir la persecución de las autoridades
colombianas y estadounidenses durante mucho tiempo.
El efecto social del terrorismo del narcotráfico y su
“altruismo” no puede subestimarse.
Y en poco ayuda que el gobierno del Presidente Fox
lance advertencias de que los capos intentarán influir en el resultado
electoral.
Eso convierte en baladronadas las amenazas de combatir
al narcotráfico con toda “la fuerza del Estado”.
Y se empieza a crear la sensación de frustración e
indefensión.