Lo más trascendente de la semana política fue, sin
duda, la tormentosa selección de candidatos a diputados y senadores en el
Partido Revolucionario Institucional.
Aunque tanto en el PAN como en el PRD hay descontentos
por la misma selección de candidatos a legisladores, han estado más fuera del
radar de los medios.
En el PAN, porque la estructura del PAN es menos
centralizada. Aunque el Comité Ejecutivo Nacional tiene el poder para decidir
las candidaturas, en lo general se deja primero a las fuerzas locales y
estatales decidirlas. Y, a menos que haya un conflicto o el CEN tenga algún
interés especial, las decisiones se toman en el ámbito local y estatal.
Eso, finalmente, aleja del radar de los medios
nacionales los conflictos, los cuales sólo son registrados localmente.
En el PRD hay igual o más descontento que en el
priísmo, pero el grupo de Andrés Manuel López Obrador controla toda la
estructura y se ha impuesto la voluntad del candidato presidencial. Los
descontentos son aislados para que se manifiesten localmente, en una falsa
descentralización de autoridad, y no se deja que trasciendan en el ámbito
nacional.
En cambio, en el PRI se ha cumplido aquello de que son
muchos los invitados y pocos los escogidos. Nunca como ahora había tenido
tantos aspirantes a ser legisladores federales.
Unos por instinto, otros como resultado de un análisis
político, todos han concluido en que, en el contexto actual, la fuerza política
del partido está en el Congreso y en las gubernaturas.
Un Congreso dividido, como el que se espera resulte de
la elección del 2 de julio, significa paradójicamente el fortalecimiento del
Poder Legislativo, pues todo lo que ahí se apruebe tendrá que ser negociado. Y
en las negociaciones es donde se utiliza y manifiesta la fuerza política de los
representantes de los intereses locales y estatales de toda la República que
son los diputados y senadores.
Además, el PRI no pudo hacer las negociaciones
adecuadas, porque el Tribunal Federal Electoral lo forzó a someter a la
aprobación del Consejo Político Nacional las propuestas de candidaturas. Y en
el Consejo Político Nacional, por la misma dimensión estructural del partido,
hay más de mil delegados.
A esa tarea difícil se enfrenta el Comité Ejecutivo
Nacional casi desarmado, porque se carece de la facultad de premiar y castigar
que poseía cuando la Presidencia la ocupaba un priísta. La disciplina se torna
difícil de aplicar, muy difícil.
A pesar de las superficialidades de muchos de los
análisis del proceso político de seleccionar a los candidatos priístas a
diputados y senadores, el hecho es que será una hazaña que no tengan más
conflictos.
Sin duda que de este proceso será el PRI el partido
que sufra más defecciones. Sobre todo cuando, tanto el PAN como el PRD,
especialmente el segundo, están tan dispuestos a acoger a los descontentos.
Como sea, todavía vivirá el PRI una semana difícil,
porque tendrá que definir todavía sus listas de diputados.
Y para 300 de mayoría relativa y 200 plurinominales
hay casi cuatro mil aspirantes.
De cualquier forma, para finales de abril estarán
registradas las candidaturas y entonces empezará, no sólo para el PRI, sino
para todos los partidos la verdadera campaña por la Presidencia.