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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 3

2 de Abril de 2006

Número 98

 

Tres acontecimientos marcaron la semana que termina: la aprobación de las reformas a las leyes de radio y televisión y telecomunicaciones, el debate migratorio en Estados Unidos y la cumbre trilateral de Cancún.

 

LEY DE RADIO Y TV

 

El senado aprobó por una votación abrumadora las reformas a las leyes de radio, televisión y telecomunicaciones.

Fue la culminación por un debate que estalló a principios de enero, cuando había pasado casi inadvertida la aprobación de dichas reformas en la sesión del primero de diciembre de 2005 en la Cámara de Diputados. Fue una aprobación unánime, esto es, la aprobaron los votos de todos los diputados presentes: priístas, panistas, perredistas, verdes y convergencia.

Pero los cambios a la ley enfrentan a poderosos intereses económicos y empresariales.

Un bando obtuvo el respaldo del llamado círculo rojo: intelectuales, periodistas, académicos y algunos especialistas en materia de comunicación.

La batalla se dio durante muchas semanas. Conforme recrudeció, el perredismo empezó a rectificar, con claros fines electoreros.

Todo fue inútil. Los senadores que votaron a favor de las reformas argumentan que la ley posiblemente es insuficiente, pero que es lo único que se puede aprobar en la actual coyuntura política y electoral.

Esa votación favorable significó una derrota en toda la línea para el círculo rojo, cuya influencia habían creído sería determinante los opositores a las reformas, también un grupo poderoso económica y empresarialmente.

En realidad, a pesar del escándalo mediático, a la población el tema no le interesó mayormente, quizá porque involucra asuntos muy técnicos que los legos no entendemos.

La polarización provocada, sin embargo, muestra lo contaminado que empieza a estar el ambiente nacional.

Cada vez es más difícil conducir un diálogo inteligente que encuentre espacios para la negociación. Eso es imposible en un clima donde todo se ve como una lucha entre el bien y el mal.

 

MIGRACIÓN

 

El debate por una reforma migratoria en Estados Unidos y las manifestaciones de latinos en las calles de algunas ciudades norteamericanas han provocado en México reacciones simplistas, y a veces poco racionales, para un tema tan complejo.

El dilema para el gobierno de Estados Unidos es cómo asegurarle a sus ciudadanos que sus fronteras están seguras, y a la vez, cómo resolver el desafío que para la mentalidad norteamericana, tan apegada al respeto a la ley, significa la presencia de casi 12 millones de inmigrantes ilegales que viven y trabajan en la clandestinidad.

Es un dilema, porque la paranoia de la guerra contra el terrorismo ha significado que la mayoría de los norteamericanos -un 51 por ciento, según las encuestas más recientes- está a favor de que se deporte a los inmigrantes ilegales.

La Casa Blanca y el Congreso saben que eso es imposible, pero no atinan a convencer a sus ciudadanos que ante una tarea imposible hay que encontrar soluciones prácticas.

Y esas soluciones prácticas son las que busca la reforma migratoria que se discutirá durante los próximos meses en el Congreso norteamericano. Esa tarea, sin embargo, está complicada porque este año es electoral. Se renueva la tercera parte del Senado y toda la Cámara de Representantes.

En ese clima tan complejo han medrado los grupos más radicales de Estados Unidos.

No obstante, a mediano plazo el tema tendrá que destrabarse, porque la economía norteamericana necesita la mano de obra barata de los indocumentados, pero también necesita encontrar la fórmula de incorporarlos a la economía formal, para que paguen impuestos y, sobre todo, para que hagan aportaciones al Seguro Social.

En 1940, la proporción entre trabajadores y jubilados era de 42 a 1. En la actualidad es sólo de 3 a 1.

Así que, para poder sostener las pensiones de casi 70 millones de baby boomers, la generación nacida poco después de la Segunda Guerra Mundial, el Seguro Social necesita obtener más recursos. Los recursos serían aportados por los ilegales que fueran legalizados.

12 millones de nuevos contribuyentes al Seguro Social no es nada despreciable, sobre todo si se toma en cuenta que son muy jóvenes.

El envejecimiento de la población norteamericana hará que a largo plazo la importación de mano de obra se vuelva un tema de seguridad nacional.

Es cuestión de tiempo.

 

CANCÚN

 

En la reunión de Cancún entre los presidentes Bush y Fox y el Primer Ministro canadiense Stephen Harper, se discutieron muchos temas, pero hubo uno que apenas fue registrado en los medios.

Quedó claro que el camino iniciado hace 12 años, cuando entró en vigencia el TLC, es todavía muy largo. Es el camino de la formación, quizá en la próxima generación, de un Mercado Común de Norteamérica. Uno que dispondría de recursos naturales vastos, de mano de obra abundante y de un mercado de más casi 500 millones de personas.

No hay que olvidar que lo que ahora es la Unión Europea empezó en 1948, con un acuerdo carbonero. Les llevó casi 50 años consolidar lo que ahora son, un mercado común, una potencia sin fronteras y una potencia económica.

Muchos, especialmente en Estados Unidos y Canadá, creen que la dinámica económica y poblacional de un mercado común norteamericano superaría fácilmente a cualquiera otro bloque.

En las tres naciones, Estados Unidos, México y Canadá, faltan muchas decisiones políticas y económicas por tomar para seguir en esa dirección.

Pero hay quienes creen que ese es el destino manifiesto de Norteamérica.

 

 

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