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 Con el café

 

(Edición de Fin de Semana)

 

Por: José Fonseca

 

Año 3

26 de Marzo de 2006

Número 97

 

LOS DEBATES DE LAS ELITES

 

La semana fue intensa.

Al menos para las élites mexicanas que discuten todo, desde el laicismo, hasta la eventual aprobación de la ley de radio y televisión.

Arrancó, por supuesto, con una declaración unánime: “todos somos juaristas”.

Todos, políticos, periodistas, empresarios y jerarcas eclesiásticos, exaltaron la figura de don Benito Juárez, en ocasión del Bicentenario de su Nacimiento.

Juárez, es cierto, constituye figura central en la construcción de la República, pero lamentablemente sirvió sólo para alentar un debate recientemente encendido entre grupos de las élites mexicanas: el tema del laicismo.

Porque sólo los grupos de las élites lo discuten. Para los ciudadanos de a pie está muy clara la separación Iglesia-Estados. Sin tantas disquisiciones, los ciudadanos de a pie comprendemos mejor que las élites aquello de “al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”.

El otro gran tema de la semana fue el spot que vincula al Presidente venezolano Hugo Chávez con la figura de Andrés Manuel López Obrador. Las reacciones airadas de tantos simplemente fortalecieron el efecto propagandístico de tal publicidad.

Y, por supuesto, tuvimos esta semana otro síntoma de las dificultades de los priístas para manejar la orfandad en que los dejó la pérdida de la Presidencia de la República.

Presiones, exigencias y hasta chantajes han hecho muchos personajes priístas, de todos los niveles. Un desorden, es cierto, pero también es un hecho que en los medios se han magnificado los problemas internos del PRI.

Como ya se dijo en este espacio cibernético, sólo los ingenuos no perciben el alineamiento de tantos medios y comunicadores con alguno de los candidatos presidenciales, aunque no deja de ser patética la guerra sucia desatada por tantos priístas, algunos personajes relevantes, cuya temeridad actual no hubiera sido posible si un priísta fuera el Presidente de la República.

La otra historia es la posibilidad de un acuerdo migratorio. Con enternecedor optimismo, tanto el Presidente Fox como su canciller Luis Ernesto Derbez, hablan de la inminencia de ese acuerdo.

La verdad es que no hay tal acuerdo. De lo que hablan es de la posibilidad, sólo la posibilidad de la aprobación en el Congreso norteamericano de alguna reforma legal que, en el mejor de los casos aceptaría el ingreso temporal de 400 mil trabajadores para satisfacer el apetito de ciertas industrias por la mano de obra barata, industrias que, por supuesto, son fuertes contribuyentes a las campañas políticas estadounidenses.

No sólo hay que escuchar lo que digan, sino también hay que escuchar lo que se dice allá en Washington.

Y veremos que, aunque se aprueben los trabajadores temporales, de ninguna manera se resolverá la situación de casi 7 millones de indocumentados mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos.

Ha sido también una semana más de defecciones priístas hacia el PRD, como la de Alfonso Durazo, ex secretario particular de Colosio y del Presidente Fox. Aunque se diga que el PRD tiene cada vez más candidatos “externos” que propios, así fortalece su estructura con miras a la elección presidencial.

Anecdótica la Convención Nacional Bancaria, donde no hubo grandes pronunciamientos. Sólo existió la breve expectativa de que fuera una pasarela para los candidatos presidenciales de los tres grandes partidos. Sólo acudió Roberto Madrazo. Anticipadamente López Obrador avisó que no asistiría. Y la inasistencia de Felipe Calderón sólo mostró la debilidad de un equipo de campaña confrontado con la estructura del Partido Acción Nacional.

Tan anecdótica como las torpezas del gobierno foxista, dispuesto a detener a un tonto diputado federal priísta que confiesa sus pecados de omisión hacia el narcotráfico cuando fue regidor municipal.

Otro debate de élites, más que ningún otro, es el existente por la eventual aprobación de la nueva ley de radio y televisión.

Sólo ciertos grupos, empresariales y académicos interesados, conocen bien a bien lo que significa esa nueva ley de radio y televisión.

En realidad se trata de la confrontación de intereses, de una formidable confrontación de intereses, magnificada porque muchos medios han tomado partido por uno u otro bando.

Es posible que, como dicen, en ella se jueguen algunos intereses de la Nación; pero el hecho innegable es que a la población le es indiferente si esa ley se aprueba o no. Quizá intuye que lo que se juega en ella son intereses económicos y comerciales, no los de la Nación.

Y así marchamos al 2 de julio, en medio de desplantes de soberbia, en medio de descalificaciones, a veces hasta obscenas de los sicarios de la política, y con un electorado mayoritariamente desinteresado, a partir de la premisa que falta mucho para el día de la elección y que por lo tanto hay tiempo para tomar una decisión o para decidir si va a votar.

 

 

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